EL NUEVO PLAN COLOMBIA: PELIGROS PARA AL
El anuncio de la instalación de un conjunto de bases militares en territorio colombiano, con el apoyo, presencia y asesoría norteamericana no debe ser visto en forma descontextualizada. Toda la dinámica obedece a un marco general, que se ubica en el denominado Proyect for The New American Century (PNAC) o Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, formulado en 1992, esencialmente por dos (2) personajes muy destacados en el gobierno de George W. Bush: Paúl Wolfowitz y Donald Rumsfeld. En él se identificaban los retos para la Seguridad y Defensa de los EEUU en los inicios del siglo XXI, haciendo hincapié en la necesidad de obtener un mayor control sobre las fuentes abastecedoras de petróleo a la economía y la industria norteamericana.
De tal forma, que el PNAC identificó las prioridades a desarrollar por la política exterior norteamericana en los años finales del siglo XX y principio del XXI. Entre las acciones del PNAC, se estableció la necesidad de fortalecer los lazos estratégicos con países latinoamericanos, impulsando al mismo tiempo proyectos de integración económica. El lapso comprendido entre la formulación del PNAC y su configuración estratégica en el gobierno de George W. Bush, sirvió para hacer una propuesta mucho más ambiciosa, que derivó en la pretensión de obtener una hegemonía política, militar y económica en todo el contexto mundial. Los acontecimientos que terminaron con los sucesos del 11 de septiembre de 2001, le otorgaron a los EEUU la excusa perfecta para adelantar la completa implementación de los postulados del PNAC.
La geopolítica de los EEUU insistió en la preponderancia militar y la asociación estratégica con los denominados “estados tapón” o “estados de contención”, ubicados en espacios estratégicos-territoriales considerados claves para los intereses de los EEUU. En este marco, es que surge la propuesta de ejecución del Plan Colombia, inicialmente planteado y desarrollado entre 1998-2007, que incluyó – en función del logro de los objetivos de fortalecimiento militar-estratégico de los EEUU en la región- la instalación, entrenamiento y equipamiento de nuevos grupos de combate en las fuerzas armadas colombianas. Militarmente se tradujo en: 1) instalación y puesta en funcionamiento de cinco (5) radares en zonas diversas de Colombia (Isla de San Andrés, Riohacha, Vichada, San José de Guaviare y Leticia), 2) conformación de Brigadas de Acción Rápida (BAR) destinadas a movilizar un conjunto de efectivos militares con gran poder de fuego y acción contrainsurgente y 3) reforzamiento de bases militares ubicadas en Tres Esquinas (Putumayo, frontera con Ecuador) y Tolima. Detrás de toda la excusa de la lucha contra el narcotráfico se encuentran jugosos contratos económicos coordinados por empresas transnacionales norteamericanas tales como DynCorp (entrenamiento de militares y policías), Lockheed Martin (radares y mantenimiento aviones), Bell Helicopter Textron (venta y mantenimiento de helicópteros Blackhaw), Sikorsky Aircraf (equipamiento y venta helicópteros de combate), que han permitido que Colombia incremente su capacidad militar y su poderío de reacción ofensiva, creando serios desequilibrios estratégicos en Sudamérica.
Todo ese soporte militar le ha permitido a Colombia obtener una situación privilegiada, desde el punto de vista estratégico, en consonancia con el diseño de la política exterior de los EEUU, en nada modificada con la toma de posesión de Barak Obama.
En todo ello, se encuentra el tema petrolero: los EEUU han intervenido dos (2) (Afganistán e Irak) de las tres (3) reservas mundiales de petróleo. Se trata de una discusión tendiente a disminuir el peso que tiene el elemento petróleo sobre la denominada diplomacia petrolera del gobierno de Hugo Chávez. En la lógica del aparato estratégico de los EEUU se pretende “contener” el peligro que la experiencia venezolana genera a las pretensiones hegemónicas. Por ello, una política de cercado de esa “amenaza” tiene como principal pieza del juego militar a Colombia. En ese contexto, el tipo de alianza propuesto desde UNASUR adquiere mayor peso pero al mismo tiempo mayor peligrosidad para el binomio poder militar-grupos económicos, que interactúan con el aparato institucional norteamericano.
En la actual situación, donde la estrategia de los EEUU se ha tornado más agresiva a través del gobierno de Álvaro Uribe, nuestro subcontinente se encuentra sometido a más presiones de las acostumbradas, y en esa dinámica los mecanismos de fortalecimiento democrático y confianza mutua cobran mayor sentido.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
20/10/2009
Página personal del Dr. Juan Eduardo Romero, Docente e Investigador de la Universidad del Zulia- Venezuela. Historiador especialista en procesos Políticos Contemporáneos. Profesor Invitado en España, Argentina, Colombia, Ecuador, Francia, Alemania, Italia, Brasil. Miembro de la Red de Estudios de Seguridad y Defensa de América Latina (RESDAL), Miembro de la Asociación de Historia Actual (AHA). Teléfonos (58) 412 6543075 (Móvil), Telfax (58) 261 7596253. E-mail: juane1208@gmail.com
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martes, 22 de diciembre de 2009
sábado, 26 de julio de 2008
EL PROCESO POLÍTICO EN COLOMBIA
Hace unas semanas advertíamos de la situación en América Latina, y al hacerlo hablamos de Colombia. Hoy queremos ampliar nuestras apreciaciones al respecto. El gobierno de Uribe no puede ser visto descontextualizado de la realidad histórica de nuestro vecino y mucho menos desligado de la política de seguridad hemisférica planteada por los distintos gobiernos de los EEUU desde finales del siglo XX.
Al revisar el primer aspecto, la situación histórica nos conseguimos con una sociedad que en esencia tiene una estructura de castas, entendida como una organización social con amplios vínculos derivados de redes de poder, estructurados sobre relaciones familiares, económicas y sociales construidas en el transcurso de su propia historia y que mantiene privilegios y símbolos que buscan excluir a otros grupos sociales. Nos encontramos con familias que tradicionalmente han formado parte del poder político y económico, basados en relaciones conformadas sobre el manejo de privilegios y acceso a posesiones de grandes recursos productivos. Los Pastrana, los Betancourt, los Londoño, los Santos, son sólo parte de esas relaciones que mantienen y sostienen una estructura de poder que es sumamente eficaz y eficiente. Por otra parte, no hay que perder de vista que esa estructura se ha preparado para gobernar. Se han esmerado en formarse en las técnicas de gobierno y han cubierto las principales estructuras institucionales del Estado colombiano. Por lo tanto, tienen la capacidad de mimetizarse por encima de sus preferencias políticas (liberales- conservadores) y cohesionarse en función de conservar sus beneficios o ampliarlos.
En torno a este aspecto, esos grupos sociales han visto una oportunidad política derivada de la posición nacionalista del gobierno del presidente Hugo Chávez, para articularse y posicionarse como actores estratégicos en el contexto de la política exterior norteamericana. Los grupos de poder colombiano, que siempre han tenido claro un proyecto geopolítico de expansión a costa de sus vecinos y han mantenido una política de expoliación de recursos, al mismo tiempo que han procurado alinearse con los intereses representados en el sistema capitalista mundial, han planteado un reacomodo de su situación política en el contexto latinoamericano, pasando a ocupar primigenia posición como elementos de contención en este espacio geográfico.
Ese cambio obedece al retroceso formal que han sufrido en el contexto de las democracias representativas en Latinoamérica. Las enormes derrotas electorales que tuvieron en Venezuela, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile han obligado a los que tienen pretensiones hegemónicas a replantear sus acciones políticas. Por ello, países como Colombia y Perú, son piezas claves en una política de contención de la amenaza socialista y popular que encarna principalmente la figura de Chávez. En esta lógica, el gobierno de Uribe ha brindado todas las facilidades de movilización y apoyo a fuerzas militares norteamericanas para convertir a Colombia en un foco de supervisión y control estratégico en una zona vital desde el punto de vista energético, físico-natural y ecológico para los intereses de la economía mundial.
En este marco, la estructura de poder implementada por Uribe se ha traducido en una asociación estratégica entre militarismo-narcotráfico-compañías trasnacionales en función de potenciar la presencia norteamericana en la zona, al mismo tiempo que se transformo en un elemento de desestabilización política en un espacio que cada vez gira más bruscamente hacia la izquierda. Esa asociación ha permitido la transmutación de Colombia en un laboratorio en América Latina para la aplicación de la Revolución en Armamento Militar (RAM) que se traduce en la aplicación de avances en ciencia y tecnología utilizados en el fortalecimiento de la operatividad armada del sector militar. Una muestra de ello fue el bombardeo de Ecuador y la penetración y posterior retiro de fuerzas militares colombianas. Con ello se daba una demostración de fuerza que señalaba la impronta norteamericana y el nuevo papel que juegan las fuerzas armadas colombianas como socios militares de los EEUU.
En ese marco, la asociación de Uribe con los grupos paramilitares ha quedado descubierta colocándolo en una situación de deslegitimidad que ha sido propicia para intentar retomar y relanzar su posición como adalid del capitalismo más agresivo. Enmarcado dentro de las líneas dibujadas en la Doctrina de Seguridad de los EEUU, que establece amenazas y retos, el gobierno de Uribe se ha empecinado en mantener un accionar que tiene dos destinos principales: 1) posicionarse como principal socio militar de los EEUU en la región, que lo ha llevado a aumentar su gasto militar en más de 5.500 millones de US$ y 2) acrecentar su presencia militar en las fronteras con sus vecinos buscando con ello expandir sus bases de poder económico. Estas 2 áreas prioritarias son una amenaza geopolítica al equilibrio militar que hasta ahora había tenido la zona y que no debe ser perdido de vista en este contexto histórico.
Colombia y el gobierno de Uribe, son propicios para adelantar más acciones de provocación dado el hecho que su situación política interna le exige presentar un enemigo externo – y que mejor que el gobierno de Chávez- para cohesionar las fuerzas sociales en esta coyuntura electoral. Tenerlo claro, es vital para la política exterior no sólo de Venezuela sino del resto de los países del subcontinente. Sin duda la perspectiva a futuro nos indica múltiples focos de conflictividad internacional con un gobierno encabezado y representado por los sectores más conservadores de Colombia. Eso hace necesario arreciar un diseño institucional – que ya ha sido planteado en reuniones de Mercosur y UNASUR- que busque cohesionar políticamente a los diversos Estados nacionales en Sudamérica. Es este el gran reto del siglo XXI en esta su primera mitad, concretarlo se traduce en una articulación de esfuerzos para evitar la fragmentación que históricamente hemos mantenido.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
01/07/2008
Hace unas semanas advertíamos de la situación en América Latina, y al hacerlo hablamos de Colombia. Hoy queremos ampliar nuestras apreciaciones al respecto. El gobierno de Uribe no puede ser visto descontextualizado de la realidad histórica de nuestro vecino y mucho menos desligado de la política de seguridad hemisférica planteada por los distintos gobiernos de los EEUU desde finales del siglo XX.
Al revisar el primer aspecto, la situación histórica nos conseguimos con una sociedad que en esencia tiene una estructura de castas, entendida como una organización social con amplios vínculos derivados de redes de poder, estructurados sobre relaciones familiares, económicas y sociales construidas en el transcurso de su propia historia y que mantiene privilegios y símbolos que buscan excluir a otros grupos sociales. Nos encontramos con familias que tradicionalmente han formado parte del poder político y económico, basados en relaciones conformadas sobre el manejo de privilegios y acceso a posesiones de grandes recursos productivos. Los Pastrana, los Betancourt, los Londoño, los Santos, son sólo parte de esas relaciones que mantienen y sostienen una estructura de poder que es sumamente eficaz y eficiente. Por otra parte, no hay que perder de vista que esa estructura se ha preparado para gobernar. Se han esmerado en formarse en las técnicas de gobierno y han cubierto las principales estructuras institucionales del Estado colombiano. Por lo tanto, tienen la capacidad de mimetizarse por encima de sus preferencias políticas (liberales- conservadores) y cohesionarse en función de conservar sus beneficios o ampliarlos.
En torno a este aspecto, esos grupos sociales han visto una oportunidad política derivada de la posición nacionalista del gobierno del presidente Hugo Chávez, para articularse y posicionarse como actores estratégicos en el contexto de la política exterior norteamericana. Los grupos de poder colombiano, que siempre han tenido claro un proyecto geopolítico de expansión a costa de sus vecinos y han mantenido una política de expoliación de recursos, al mismo tiempo que han procurado alinearse con los intereses representados en el sistema capitalista mundial, han planteado un reacomodo de su situación política en el contexto latinoamericano, pasando a ocupar primigenia posición como elementos de contención en este espacio geográfico.
Ese cambio obedece al retroceso formal que han sufrido en el contexto de las democracias representativas en Latinoamérica. Las enormes derrotas electorales que tuvieron en Venezuela, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile han obligado a los que tienen pretensiones hegemónicas a replantear sus acciones políticas. Por ello, países como Colombia y Perú, son piezas claves en una política de contención de la amenaza socialista y popular que encarna principalmente la figura de Chávez. En esta lógica, el gobierno de Uribe ha brindado todas las facilidades de movilización y apoyo a fuerzas militares norteamericanas para convertir a Colombia en un foco de supervisión y control estratégico en una zona vital desde el punto de vista energético, físico-natural y ecológico para los intereses de la economía mundial.
En este marco, la estructura de poder implementada por Uribe se ha traducido en una asociación estratégica entre militarismo-narcotráfico-compañías trasnacionales en función de potenciar la presencia norteamericana en la zona, al mismo tiempo que se transformo en un elemento de desestabilización política en un espacio que cada vez gira más bruscamente hacia la izquierda. Esa asociación ha permitido la transmutación de Colombia en un laboratorio en América Latina para la aplicación de la Revolución en Armamento Militar (RAM) que se traduce en la aplicación de avances en ciencia y tecnología utilizados en el fortalecimiento de la operatividad armada del sector militar. Una muestra de ello fue el bombardeo de Ecuador y la penetración y posterior retiro de fuerzas militares colombianas. Con ello se daba una demostración de fuerza que señalaba la impronta norteamericana y el nuevo papel que juegan las fuerzas armadas colombianas como socios militares de los EEUU.
En ese marco, la asociación de Uribe con los grupos paramilitares ha quedado descubierta colocándolo en una situación de deslegitimidad que ha sido propicia para intentar retomar y relanzar su posición como adalid del capitalismo más agresivo. Enmarcado dentro de las líneas dibujadas en la Doctrina de Seguridad de los EEUU, que establece amenazas y retos, el gobierno de Uribe se ha empecinado en mantener un accionar que tiene dos destinos principales: 1) posicionarse como principal socio militar de los EEUU en la región, que lo ha llevado a aumentar su gasto militar en más de 5.500 millones de US$ y 2) acrecentar su presencia militar en las fronteras con sus vecinos buscando con ello expandir sus bases de poder económico. Estas 2 áreas prioritarias son una amenaza geopolítica al equilibrio militar que hasta ahora había tenido la zona y que no debe ser perdido de vista en este contexto histórico.
Colombia y el gobierno de Uribe, son propicios para adelantar más acciones de provocación dado el hecho que su situación política interna le exige presentar un enemigo externo – y que mejor que el gobierno de Chávez- para cohesionar las fuerzas sociales en esta coyuntura electoral. Tenerlo claro, es vital para la política exterior no sólo de Venezuela sino del resto de los países del subcontinente. Sin duda la perspectiva a futuro nos indica múltiples focos de conflictividad internacional con un gobierno encabezado y representado por los sectores más conservadores de Colombia. Eso hace necesario arreciar un diseño institucional – que ya ha sido planteado en reuniones de Mercosur y UNASUR- que busque cohesionar políticamente a los diversos Estados nacionales en Sudamérica. Es este el gran reto del siglo XXI en esta su primera mitad, concretarlo se traduce en una articulación de esfuerzos para evitar la fragmentación que históricamente hemos mantenido.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
01/07/2008
sábado, 13 de octubre de 2007
Chávez, Uribe y la Integración Energética

La reciente inauguración del gasoducto Transoceánico, por parte de Chávez y Uribe, forma parte de una dinámica geopolítica integral entre ambos mandatarios. Para Uribe, se trata de fortalecer sus lazos con el principal socio comercial de Colombia - después de los EEUU- asimismo, es una manera de acercarse a la órbita de intereses venezolanos ligados al negocio de los hidrocarburos.
Por otro lado, Uribe esta claro que la insistencia de Chávez en los procesos de integración energética, lo favorecen a él, en su interés por congraciarse con los EEUU y su Plan Puebla- Panamá, que conlleva una visión de integración comercial con el área de mesoamérica, en la búsqueda de una mayor interconexión con los intereses económicos planteados a través del TLCAN, que ya incorporó a El Salvador, Costa Rica, México, Guatemala, entre otros.
Uribe, también se esta jugando su carta de seguridad con este acercamiento a Chávez. L Política de Seguridad democrática, adelantada por su gobierno no ha sido todo lo efectiva que esperaban sus asesores, en su intento de forzar la paz con los grupos guerrilleros colombianos, mediante una violenta campaña destinada a reducirlos y obligarlos a ir a la mesa de negociación. Ese fracaso parcial, lo ha llevado a buscar la mediación de Chávez, al mismo tiempo que busca fortalecer los lazos energéticos con Venezuela.
Por su parte, Chávez esta jugando en los términos anunciados en su diplomacia del petróleo, inaugurada con la Cumbre Energética de Caracas en el 2000, a través de la cual se trazó una estrategía de fortalecimiento mediante el uso de las carencias energéticas en el mundo. Chávez al asociarse con Colombia, busca trazar una líena directriz en un doble sentido: 1) hacia Centroamérica y 2) hacia la Comunidad Andina, donde cuenta ahora con las asociaciones ideológicas y políticas de Rafael Correa (Ecuador) y Evo Morales (Bolivia).
Este gasoducto, fortalece a Chávez en su propuesta de seguridad energética, mediante la cual busca lanzar una alianza sudamericana mediante la cual Venezuela se compromete a suministrar hidrocarburos y sus derivados a todo el Continente. De esa forma mantendría las perspectivas de liderazgos regional que ha establecido, al mismo tiempo que se fortalece en su posición antinorteamericana. Finalmente, esta estrategia de Chávez busca reducir la capacidad de los EEUU en la Región, insistiendo en procesos de integración que sin tener la base económica expoliativa de los grandes intereses económicos en Norteamérica, busquen el fortalecimiento de una Unidad latinoamérica en una perspectiva anti- imperialista. No obstante, hay que ver que tan efectiva puede ser esa iniciativa, más allá de gobiernos cercanos ideológicamente a Chávez.
La propuesta de estos más de 220 Km de gasoducto entre Venezuela y Colombia, están asociadas a las posibilidades de acuerdo sobre las áreas marinas y submarinas, anunciado prematuramente por ambos gobiernos. Se sabe que en los 27000 Km2 del golfo de Venezuela, se encuentran importantes reservas de hidrocarburos y gas, que pueden ser explotadas conjuntamente a partir de estos acuerdos, de forma tal que para Uribe y Chávez, resulta interesante arriesgarse en esta iniciativa.
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DR. JUAN EDUARDO ROMERO (VENEZUELA)
Historiador, especialista en procesos políticos contemporáneos de América Latina. Docente e Investigador de la Universidad del Zulia en Venezuela. Profesor invitado en España, Francia, Italia, Colombia, Brasil, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Cuba, México, Costa Rica. Investigador Nivel II del Programa de Promoción al Investigador (PPI) del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Venezuela. Teléfonos (58) 261 7596253 (telfax oficina). (58) 4126543075 ( móvil). Correo electrónico: juane1208@gmail.com
Historiador, especialista en procesos políticos contemporáneos de América Latina. Docente e Investigador de la Universidad del Zulia en Venezuela. Profesor invitado en España, Francia, Italia, Colombia, Brasil, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Cuba, México, Costa Rica. Investigador Nivel II del Programa de Promoción al Investigador (PPI) del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Venezuela. Teléfonos (58) 261 7596253 (telfax oficina). (58) 4126543075 ( móvil). Correo electrónico: juane1208@gmail.com
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Datos personales
- Historiador
- Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela
- Doctor en Historia Social y Política Contemporánea. Profesor de la Universidad del Zulia, Venezuela. Especialista en Historia Contemporánea de América Latina. DEA en Gerencia Política y Gobernabilidad. Autor de más de 35 artículos sobre procesos políticos. Co-autor de seis Textos sobre Proceso Socio-político en Venezuela. Teléfono Telfax (58) 261 7596253, móvil (58)4126543075. E-mail: juane1208@gmail.com
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Foto desde el Hito Nº 1 con el Profesor Wualter Velez de la Universidad del Zulia. Castilletes