Página personal del Dr. Juan Eduardo Romero, Docente e Investigador de la Universidad del Zulia- Venezuela. Historiador especialista en procesos Políticos Contemporáneos. Profesor Invitado en España, Argentina, Colombia, Ecuador, Francia, Alemania, Italia, Brasil. Miembro de la Red de Estudios de Seguridad y Defensa de América Latina (RESDAL), Miembro de la Asociación de Historia Actual (AHA). Teléfonos (58) 412 6543075 (Móvil), Telfax (58) 261 7596253. E-mail: juane1208@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis Mundial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis Mundial. Mostrar todas las entradas
martes, 12 de junio de 2012
CHÁVEZ Y LOS 5 OBJETIVOS HISTÓRICOS
El discurso del presidente Chávez, en el acto de inscripción de su candidatura para las elecciones del 7 de octubre del presente año, señala varias diferencias con su rival, el candidato de la oposición Henrique Capriles Radonski. Hay un 1er conjunto de diferencias, signadas por la estructura discursiva y la capacidad de hilvanar un conjunto de ideas en un lapso bastante prolongado (más de 3 horas). En este conjunto de expresiones se observo un individuo que desmiente las versiones de una enfermedad terminal. Físicamente resulta inaudito pensar que una persona que este – como lo han sostenido medios nacionales y extranjeros- en una etapa inminente a su muerte pueda no sólo mantenerse de pie dando un discurso, sino que además este discurso este provisto de unidad temática, coherencia y significado.
Al comparar las inscripciones de candidaturas, se observa no sólo una diferencia – evidente- en cuanto a la extensión del discurso ( Capriles cerca de 22 minutos incluyendo las largas pausas y Chávez 180 minutos sin pausas), hay una diferencia más profunda: la capacidad de trasmitir y conectarse con la emotividad de las personas. El día domingo 10 de junio, observamos un Capriles dudando en la estructura sintáctica y gramatical de su discurso, aunado a los evidentes vacios conceptuales y a sus infructuosos intentos de mostrar emoción (Te quiero Venezuela¡). El lunes 11 de junio, se vio a un Chávez conectado, sensibilizado con los colectivos, con sus seguidores. Asistimos a un discurso que demuestra lo que expreso ese gran pensador francés Michell Foucault: un discurso que es dicho, es decir, un discurso que se reproduce por aceptación o por rechazo. Esa reproducción está relacionada con diversos elementos. Uno de ellos es la capacidad de vincular el mundo personal – el del ser humano, no el del presidente- con otros mundos personales de los grupos de personas que lo rodean. Se corresponde a una capacidad de lectura de ciertos temas que son considerados esenciales a la propia condición humana. Otro elemento evidenciado, es la insistencia en colocar en el campo de la discusión ciudadana tópicos (lexías) que se relacionan con la vida cotidiana de todos (seguridad, empleo, medio ambiente, prosperidad).
En este 1er conjunto de elementos el balance es claro: un candidato que da una muestra de coherencia enunciativa, paradigmática, con capacidad para mantener atento a un público que ha marchado, que se ha movilizado. En este conjunto de elementos ambos candidatos hicieron uso de manifestaciones de fortaleza física. Capriles caminando cerca de 10 kilómetros con el objeto de mostrarse como lo que es: joven y dinámico. Chávez manteniéndose parado por más de 180 minutos continuos. Esas manifestaciones físicas tienen sentidos simbólicos diferentes: para Capriles se trata de mostrar que él es un candidato dinámico, que da demostraciones de fuerza que buscan sean contrastada con un candidato – supuestamente- enfermo. Por su parte, Chávez mostró una presencia física que ridiculiza los rumores, las especulaciones tejidas por la agenda mediática. Su presencia física genera un efecto tranquilizador en los bolivarianos, quienes tenían una duda razonable sobre sus condiciones de salud.
Hay un 2do conjunto de diferencias, propias de la propia significación de las ideas presentadas. El candidato Capriles se mostró dinámico – eso nadie lo duda- pero carente de profundidad y convencimiento en su estructura discursiva. Los constantes vacios en la articulación del discurso, hacen ver un hombre que no es capaz de mantener una lógica de significados y significantes en temas que pueden alcanzar sensibilizar a los ciudadanos. Al abordar áreas como seguridad, empleo, no logro convencer con una propuesta que se sintiera con conexión a los profundos sentires de la población. Observamos un discurso que pasaba de unas ideas – desconectadas, sin sentido- a otras sin alcanzar definirlas en profundidad. Por su parte, el discurso de Chávez – más allá de su extensión temporal- mostro mantener intacta las ventajas de un liderazgo carismático y emotivo. El recurrir a elementos de emotividad le permitió mantenerse conectado con unos colectivos que se han mostrado preocupados por su estado de salud. Sin embargo, más allá de eso, en este 2do conjunto de elementos vimos una clara definición ideológica. Capriles por su parte, aunque intento establecer comparaciones, no lo hizo sobre la base de la construcción de un “ellos” y un “nosotros” que los colocara en el espectro derecha-izquierda en el cual se ubican tradicionalmente los ciudadanos.
El discurso de Chávez se emotivizó al mismo tiempo que se posicionó como un discurso de izquierda, nacionalista y anti-imperialista. La propuesta que esbozo bajo la idea de objetivos históricos nos muestra una perspectiva – o más bien prospectivo por su visión de futuro- que coloca al proceso venezolano con un amplio sentido histórico, pero además como una respuesta ante la crisis de acumulación – y depredación- del sistema capitalista. Cuando Chávez señala como prioridad la independencia, lo plantea como una respuesta a la articulación en red bajo la dictadura del capital, que lleva a los Estados Nacionales a adaptarse y acoplarse a las necesidades de acumulación de riqueza del sistema-mundo y que son la base de las diferencias en la distribución de la riqueza. Asimismo sucede con la idea de construir un modelo de socialismo que se aleje de las perversiones del socialismo real soviético o cubano, y otro tanto con la necesidad de transformar al país en una potencia que canalice – y encabece – iniciativas de articulación de esfuerzos gran-nacionales que construyan alternativas a las formas de control y expoliación capitalista. Para ello, la contribución a elaborar alternativas pluripolares como UNASUR, la CELAC, ALBA y banco del Sur, son una necesidad histórica. Para Chávez, un proceso como el venezolano no puede sobrevivir sin lograr llevar más allá de sus fronteras la propuesta de transustanciación social y cultural. Finalmente, todo ello conduce a la prioridad de lograr sobrevivir a las propias dinámicas destructoras de la vida, propiciadas desde la lógica expoliativa del capitalismo. En conclusión, fuimos testigos de una confrontación de ideas que dejo en claro quién es quién en el campo ideológico.
Dr. Juan E. Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
11/06/2012
martes, 22 de diciembre de 2009
EL NUEVO PLAN COLOMBIA: PELIGROS PARA AL
EL NUEVO PLAN COLOMBIA: PELIGROS PARA AL
El anuncio de la instalación de un conjunto de bases militares en territorio colombiano, con el apoyo, presencia y asesoría norteamericana no debe ser visto en forma descontextualizada. Toda la dinámica obedece a un marco general, que se ubica en el denominado Proyect for The New American Century (PNAC) o Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, formulado en 1992, esencialmente por dos (2) personajes muy destacados en el gobierno de George W. Bush: Paúl Wolfowitz y Donald Rumsfeld. En él se identificaban los retos para la Seguridad y Defensa de los EEUU en los inicios del siglo XXI, haciendo hincapié en la necesidad de obtener un mayor control sobre las fuentes abastecedoras de petróleo a la economía y la industria norteamericana.
De tal forma, que el PNAC identificó las prioridades a desarrollar por la política exterior norteamericana en los años finales del siglo XX y principio del XXI. Entre las acciones del PNAC, se estableció la necesidad de fortalecer los lazos estratégicos con países latinoamericanos, impulsando al mismo tiempo proyectos de integración económica. El lapso comprendido entre la formulación del PNAC y su configuración estratégica en el gobierno de George W. Bush, sirvió para hacer una propuesta mucho más ambiciosa, que derivó en la pretensión de obtener una hegemonía política, militar y económica en todo el contexto mundial. Los acontecimientos que terminaron con los sucesos del 11 de septiembre de 2001, le otorgaron a los EEUU la excusa perfecta para adelantar la completa implementación de los postulados del PNAC.
La geopolítica de los EEUU insistió en la preponderancia militar y la asociación estratégica con los denominados “estados tapón” o “estados de contención”, ubicados en espacios estratégicos-territoriales considerados claves para los intereses de los EEUU. En este marco, es que surge la propuesta de ejecución del Plan Colombia, inicialmente planteado y desarrollado entre 1998-2007, que incluyó – en función del logro de los objetivos de fortalecimiento militar-estratégico de los EEUU en la región- la instalación, entrenamiento y equipamiento de nuevos grupos de combate en las fuerzas armadas colombianas. Militarmente se tradujo en: 1) instalación y puesta en funcionamiento de cinco (5) radares en zonas diversas de Colombia (Isla de San Andrés, Riohacha, Vichada, San José de Guaviare y Leticia), 2) conformación de Brigadas de Acción Rápida (BAR) destinadas a movilizar un conjunto de efectivos militares con gran poder de fuego y acción contrainsurgente y 3) reforzamiento de bases militares ubicadas en Tres Esquinas (Putumayo, frontera con Ecuador) y Tolima. Detrás de toda la excusa de la lucha contra el narcotráfico se encuentran jugosos contratos económicos coordinados por empresas transnacionales norteamericanas tales como DynCorp (entrenamiento de militares y policías), Lockheed Martin (radares y mantenimiento aviones), Bell Helicopter Textron (venta y mantenimiento de helicópteros Blackhaw), Sikorsky Aircraf (equipamiento y venta helicópteros de combate), que han permitido que Colombia incremente su capacidad militar y su poderío de reacción ofensiva, creando serios desequilibrios estratégicos en Sudamérica.
Todo ese soporte militar le ha permitido a Colombia obtener una situación privilegiada, desde el punto de vista estratégico, en consonancia con el diseño de la política exterior de los EEUU, en nada modificada con la toma de posesión de Barak Obama.
En todo ello, se encuentra el tema petrolero: los EEUU han intervenido dos (2) (Afganistán e Irak) de las tres (3) reservas mundiales de petróleo. Se trata de una discusión tendiente a disminuir el peso que tiene el elemento petróleo sobre la denominada diplomacia petrolera del gobierno de Hugo Chávez. En la lógica del aparato estratégico de los EEUU se pretende “contener” el peligro que la experiencia venezolana genera a las pretensiones hegemónicas. Por ello, una política de cercado de esa “amenaza” tiene como principal pieza del juego militar a Colombia. En ese contexto, el tipo de alianza propuesto desde UNASUR adquiere mayor peso pero al mismo tiempo mayor peligrosidad para el binomio poder militar-grupos económicos, que interactúan con el aparato institucional norteamericano.
En la actual situación, donde la estrategia de los EEUU se ha tornado más agresiva a través del gobierno de Álvaro Uribe, nuestro subcontinente se encuentra sometido a más presiones de las acostumbradas, y en esa dinámica los mecanismos de fortalecimiento democrático y confianza mutua cobran mayor sentido.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
20/10/2009
El anuncio de la instalación de un conjunto de bases militares en territorio colombiano, con el apoyo, presencia y asesoría norteamericana no debe ser visto en forma descontextualizada. Toda la dinámica obedece a un marco general, que se ubica en el denominado Proyect for The New American Century (PNAC) o Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, formulado en 1992, esencialmente por dos (2) personajes muy destacados en el gobierno de George W. Bush: Paúl Wolfowitz y Donald Rumsfeld. En él se identificaban los retos para la Seguridad y Defensa de los EEUU en los inicios del siglo XXI, haciendo hincapié en la necesidad de obtener un mayor control sobre las fuentes abastecedoras de petróleo a la economía y la industria norteamericana.
De tal forma, que el PNAC identificó las prioridades a desarrollar por la política exterior norteamericana en los años finales del siglo XX y principio del XXI. Entre las acciones del PNAC, se estableció la necesidad de fortalecer los lazos estratégicos con países latinoamericanos, impulsando al mismo tiempo proyectos de integración económica. El lapso comprendido entre la formulación del PNAC y su configuración estratégica en el gobierno de George W. Bush, sirvió para hacer una propuesta mucho más ambiciosa, que derivó en la pretensión de obtener una hegemonía política, militar y económica en todo el contexto mundial. Los acontecimientos que terminaron con los sucesos del 11 de septiembre de 2001, le otorgaron a los EEUU la excusa perfecta para adelantar la completa implementación de los postulados del PNAC.
La geopolítica de los EEUU insistió en la preponderancia militar y la asociación estratégica con los denominados “estados tapón” o “estados de contención”, ubicados en espacios estratégicos-territoriales considerados claves para los intereses de los EEUU. En este marco, es que surge la propuesta de ejecución del Plan Colombia, inicialmente planteado y desarrollado entre 1998-2007, que incluyó – en función del logro de los objetivos de fortalecimiento militar-estratégico de los EEUU en la región- la instalación, entrenamiento y equipamiento de nuevos grupos de combate en las fuerzas armadas colombianas. Militarmente se tradujo en: 1) instalación y puesta en funcionamiento de cinco (5) radares en zonas diversas de Colombia (Isla de San Andrés, Riohacha, Vichada, San José de Guaviare y Leticia), 2) conformación de Brigadas de Acción Rápida (BAR) destinadas a movilizar un conjunto de efectivos militares con gran poder de fuego y acción contrainsurgente y 3) reforzamiento de bases militares ubicadas en Tres Esquinas (Putumayo, frontera con Ecuador) y Tolima. Detrás de toda la excusa de la lucha contra el narcotráfico se encuentran jugosos contratos económicos coordinados por empresas transnacionales norteamericanas tales como DynCorp (entrenamiento de militares y policías), Lockheed Martin (radares y mantenimiento aviones), Bell Helicopter Textron (venta y mantenimiento de helicópteros Blackhaw), Sikorsky Aircraf (equipamiento y venta helicópteros de combate), que han permitido que Colombia incremente su capacidad militar y su poderío de reacción ofensiva, creando serios desequilibrios estratégicos en Sudamérica.
Todo ese soporte militar le ha permitido a Colombia obtener una situación privilegiada, desde el punto de vista estratégico, en consonancia con el diseño de la política exterior de los EEUU, en nada modificada con la toma de posesión de Barak Obama.
En todo ello, se encuentra el tema petrolero: los EEUU han intervenido dos (2) (Afganistán e Irak) de las tres (3) reservas mundiales de petróleo. Se trata de una discusión tendiente a disminuir el peso que tiene el elemento petróleo sobre la denominada diplomacia petrolera del gobierno de Hugo Chávez. En la lógica del aparato estratégico de los EEUU se pretende “contener” el peligro que la experiencia venezolana genera a las pretensiones hegemónicas. Por ello, una política de cercado de esa “amenaza” tiene como principal pieza del juego militar a Colombia. En ese contexto, el tipo de alianza propuesto desde UNASUR adquiere mayor peso pero al mismo tiempo mayor peligrosidad para el binomio poder militar-grupos económicos, que interactúan con el aparato institucional norteamericano.
En la actual situación, donde la estrategia de los EEUU se ha tornado más agresiva a través del gobierno de Álvaro Uribe, nuestro subcontinente se encuentra sometido a más presiones de las acostumbradas, y en esa dinámica los mecanismos de fortalecimiento democrático y confianza mutua cobran mayor sentido.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
20/10/2009
Etiquetas:
Chávez,
Colombia,
Conflicto,
Crisis Mundial,
geopolitica,
guerrilla,
uribe
martes, 14 de abril de 2009
DEL GRAN VIRAJE AL AJUSTE ANTI-CRISIS DE CHÁVEZ
DEL GRAN VIRAJE AL AJUSTE ANTI-CRISIS DE CHÁVEZ
Los anuncios hechos por el presidente Hugo Chávez el pasado domingo 22 de marzo, son propicios para el análisis comparativo del ajuste estructural propuesto por Carlos Andrés Pérez en 1989. Tanto Chávez como CAP son sin lugar a dudas líderes carismáticos, con enorme arrastre popular y que se vieron enfrentados a una situación socio-política en un contexto de crisis.
Para CAP, el año 1989 se dibujó bajo la sombra del abrumador triunfo electoral que había logrado en diciembre de 1988, bajo la promesa de retrotraer a los venezolanos a la época de la Venezuela Saudita. La hegemonía política alcanzada le proveía una oportunidad política para el ajuste –posteriormente conocido como Consenso de Washington- económico e institucional. El gobierno de Chávez, por su parte debe afrontar el enorme impacto que tiene la mayor crisis económica experimentada por el sistema-mundo, que amenaza con destruirnos a través de sus consecuencias. Por otra parte, viene de obtener una importante victoria electoral, tanto en la consulta de noviembre 2008 como en el referendo por la Enmienda de febrero 2009. Ambos líderes, tal como se ve contaban al momento de anunciar sus medidas de ajuste de una alta popularidad, gran apoyo electoral y un sólido aparato político-institucional que los avalaba.
Sin embargo, la dinámica de implementación marca la diferencia entre uno y otro. CAP se inclino por la opción del ajuste violento, marcado por una política agresiva de modificación de las relaciones clientelares y burocráticas que caracterizaron el sistema político venezolano desde su establecimiento como democracia representativa en 1958. La decisión de seguir al pie de la letra las recomendaciones que serían formuladas para “reducir el tamaño del Estado”, tales como eliminación de los subsidios, liberación del control fiscal y monetario, apertura a los capitales trasnacionales, privatización de empresas estratégicas, aumento de la gasolina, liberalización de las tasas fijas y activas; sería la nota característica del gobierno del líder adeco. Su decisión tenía cierto sentido: contaba con una aparentemente sólida base de apoyo popular derivada de su triunfo en las elecciones presidenciales. Su exceso de confianza en las capacidades de contención de su liderazgo, fueron su error. Nunca tomo en consideración que la construcción de un proceso enmarcador - entendido como una dinámica de trasmisión de valores, actitudes y visiones de la vida que motivan a los colectivos sociales a movilizarse- de retorno a un pasado idealizado y el no cumplimiento de esa promesa pudiera conducirlo a un ciclo de protesta y desobediencia civil de las magnitudes del 27,28 y 29 de febrero de 1989. La prepotencia de las elites políticas de AD y COPEI que asumieron como verdad inmutable que los colectivos sociales eran sujetos sumisos les costó su hegemonía política. La decisión de aplicar de una sola vez un conjunto de acciones de ajuste estructural fue un error que Chávez se encarga de recordárselos día a día.
Por su parte, ante un escenario más difícil que el asumido por CAP en 1989, el presidente Chávez ha dado una muestra de olfato político enorme, eso sin dejar de señalar que puede ser peligroso no adelantar en lo inmediato algunas acciones efectivas en lo que respecta a la disminución del gasto público suntuario. Las medidas de Chávez, señalan varias cosas: 1) su capacidad para sorprender al adversario político, 2) el poder de comunicación política y 3) la decisión de adelantar un ajuste progresivo.
Con respecto al primer aspecto, la mayoría de los actores políticos de oposición habían dejado circular la noticia que venía un ajuste de gran impacto, tal como lo había hecho CAP. Realmente el tamaño de la crisis recesiva derivada del carácter especulativo del sistema-mundo hizo prever un conjunto de decisiones de gran magnitud tales como aumento de gasolina, establecimiento de restricciones financieras y cambiarias, devaluación en fin, bajo la óptica de esos actores un escenario extremo de ajuste que abriría el camino para un nuevo ciclo de protestas. Sin embargo, nadie esperaba que el conjunto de decisiones fueran tan limitadas. De nuevo, tal como lo ha hecho en otras ocasiones - incluyendo a principios de año cuando decidió incluir todos los cargos de elección popular en la propuesta de enmienda- Chávez dejo sin discurso a sus adversarios.
Esa capacidad de asombro, se encuentra conectada con la 2da cuestión: la comunicación política. Chávez anunció que sería el sábado cuando divulgaría las medidas, con ello generó unas expectativas comunicacionales y un conjunto de rumores que fueron firmemente debatidos con el conjunto progresivo de las medidas: no hubo ajuste fiscal caracterizado por una devaluación, no hubo aumento de gasolina (aunque no se descarta), redujo la estimación del precio de venta del petróleo de 60 US$ a 40 US$ (aunque ya había reajustado a 50 US$). La estrategia de comunicación política funcionó y prácticamente anulo las resistencias y los temores que pretendieron ser sugeridos. Creemos que las medidas van a venir acompañadas por otros ajustes progresivos, destinados a controlar la burocracia y el exceso de gasto público, pero que “por ahora” no serán divulgadas. Finalmente, el 3er aspecto, viene asociado a la oportunidad política. Chávez sabe que no puede adelantar ajustes violentos, que debe crear las condiciones para que sean aceptadas las medidas y para ello optó por mantener el gasto social aun a costa de un riesgo económico-financiero enorme, por otro lado establece públicamente la reducción de la producción petrolera a un poco más de 3.100.000 barriles diarios, intentando con ello incidir en una recuperación de los precios del crudo. En fin, al contrario de CAP, Chávez entendió que los ajustes violentos y sin apoyo político generan ciclos de violencia que atentan contra la gobernabilidad y la hegemonía política. En base a estos aspectos, realizó un cálculo político que aunque riesgoso e insuficiente le da oxígeno suficiente para intentar sobrevivir el temporal. Todavía nos queda mucho por ver y estaremos atento a sus decisiones.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
25/03/2009
Los anuncios hechos por el presidente Hugo Chávez el pasado domingo 22 de marzo, son propicios para el análisis comparativo del ajuste estructural propuesto por Carlos Andrés Pérez en 1989. Tanto Chávez como CAP son sin lugar a dudas líderes carismáticos, con enorme arrastre popular y que se vieron enfrentados a una situación socio-política en un contexto de crisis.
Para CAP, el año 1989 se dibujó bajo la sombra del abrumador triunfo electoral que había logrado en diciembre de 1988, bajo la promesa de retrotraer a los venezolanos a la época de la Venezuela Saudita. La hegemonía política alcanzada le proveía una oportunidad política para el ajuste –posteriormente conocido como Consenso de Washington- económico e institucional. El gobierno de Chávez, por su parte debe afrontar el enorme impacto que tiene la mayor crisis económica experimentada por el sistema-mundo, que amenaza con destruirnos a través de sus consecuencias. Por otra parte, viene de obtener una importante victoria electoral, tanto en la consulta de noviembre 2008 como en el referendo por la Enmienda de febrero 2009. Ambos líderes, tal como se ve contaban al momento de anunciar sus medidas de ajuste de una alta popularidad, gran apoyo electoral y un sólido aparato político-institucional que los avalaba.
Sin embargo, la dinámica de implementación marca la diferencia entre uno y otro. CAP se inclino por la opción del ajuste violento, marcado por una política agresiva de modificación de las relaciones clientelares y burocráticas que caracterizaron el sistema político venezolano desde su establecimiento como democracia representativa en 1958. La decisión de seguir al pie de la letra las recomendaciones que serían formuladas para “reducir el tamaño del Estado”, tales como eliminación de los subsidios, liberación del control fiscal y monetario, apertura a los capitales trasnacionales, privatización de empresas estratégicas, aumento de la gasolina, liberalización de las tasas fijas y activas; sería la nota característica del gobierno del líder adeco. Su decisión tenía cierto sentido: contaba con una aparentemente sólida base de apoyo popular derivada de su triunfo en las elecciones presidenciales. Su exceso de confianza en las capacidades de contención de su liderazgo, fueron su error. Nunca tomo en consideración que la construcción de un proceso enmarcador - entendido como una dinámica de trasmisión de valores, actitudes y visiones de la vida que motivan a los colectivos sociales a movilizarse- de retorno a un pasado idealizado y el no cumplimiento de esa promesa pudiera conducirlo a un ciclo de protesta y desobediencia civil de las magnitudes del 27,28 y 29 de febrero de 1989. La prepotencia de las elites políticas de AD y COPEI que asumieron como verdad inmutable que los colectivos sociales eran sujetos sumisos les costó su hegemonía política. La decisión de aplicar de una sola vez un conjunto de acciones de ajuste estructural fue un error que Chávez se encarga de recordárselos día a día.
Por su parte, ante un escenario más difícil que el asumido por CAP en 1989, el presidente Chávez ha dado una muestra de olfato político enorme, eso sin dejar de señalar que puede ser peligroso no adelantar en lo inmediato algunas acciones efectivas en lo que respecta a la disminución del gasto público suntuario. Las medidas de Chávez, señalan varias cosas: 1) su capacidad para sorprender al adversario político, 2) el poder de comunicación política y 3) la decisión de adelantar un ajuste progresivo.
Con respecto al primer aspecto, la mayoría de los actores políticos de oposición habían dejado circular la noticia que venía un ajuste de gran impacto, tal como lo había hecho CAP. Realmente el tamaño de la crisis recesiva derivada del carácter especulativo del sistema-mundo hizo prever un conjunto de decisiones de gran magnitud tales como aumento de gasolina, establecimiento de restricciones financieras y cambiarias, devaluación en fin, bajo la óptica de esos actores un escenario extremo de ajuste que abriría el camino para un nuevo ciclo de protestas. Sin embargo, nadie esperaba que el conjunto de decisiones fueran tan limitadas. De nuevo, tal como lo ha hecho en otras ocasiones - incluyendo a principios de año cuando decidió incluir todos los cargos de elección popular en la propuesta de enmienda- Chávez dejo sin discurso a sus adversarios.
Esa capacidad de asombro, se encuentra conectada con la 2da cuestión: la comunicación política. Chávez anunció que sería el sábado cuando divulgaría las medidas, con ello generó unas expectativas comunicacionales y un conjunto de rumores que fueron firmemente debatidos con el conjunto progresivo de las medidas: no hubo ajuste fiscal caracterizado por una devaluación, no hubo aumento de gasolina (aunque no se descarta), redujo la estimación del precio de venta del petróleo de 60 US$ a 40 US$ (aunque ya había reajustado a 50 US$). La estrategia de comunicación política funcionó y prácticamente anulo las resistencias y los temores que pretendieron ser sugeridos. Creemos que las medidas van a venir acompañadas por otros ajustes progresivos, destinados a controlar la burocracia y el exceso de gasto público, pero que “por ahora” no serán divulgadas. Finalmente, el 3er aspecto, viene asociado a la oportunidad política. Chávez sabe que no puede adelantar ajustes violentos, que debe crear las condiciones para que sean aceptadas las medidas y para ello optó por mantener el gasto social aun a costa de un riesgo económico-financiero enorme, por otro lado establece públicamente la reducción de la producción petrolera a un poco más de 3.100.000 barriles diarios, intentando con ello incidir en una recuperación de los precios del crudo. En fin, al contrario de CAP, Chávez entendió que los ajustes violentos y sin apoyo político generan ciclos de violencia que atentan contra la gobernabilidad y la hegemonía política. En base a estos aspectos, realizó un cálculo político que aunque riesgoso e insuficiente le da oxígeno suficiente para intentar sobrevivir el temporal. Todavía nos queda mucho por ver y estaremos atento a sus decisiones.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
25/03/2009
Etiquetas:
cambio político,
Chávez,
Conflicto,
Crisis Mundial,
partidos,
POLITICA,
Venezuela,
Violencia
ANTI-IMPERIALISMO DE AYER Y DE HOY
ANTI-IMPERIALISMO DE AYER Y DE HOY
El tema de anti-imperialismo se define conceptualmente, por su negación al imperialismo. Eso es: el desarrollo de una noción de extra-territoriedad, acompañada de una ampliación del aparato militar, con un sistema de subordinación económica-productiva que acompaña unas relaciones de poder. El Imperialismo, es la expresión de la consolidación de un modelo de capitalismo basado en la ampliación productiva.
En ese contexto, la transición de cambio entre los siglos XIX-XX, generó todo un debate acerca del impacto de ese modelo de desarrollo capitalista y su expresión política concreta: el imperialismo. El más conspicuo representante del pensamiento contra el imperialismo es sin duda Vladimir Ilich Lenín. De sus aportes y directrices se sucedieron una serie de consecuencias socio-políticas de gran impacto en Latinoamérica, que tenía unas condiciones históricas que la hicieron proclive para la construcción de una tendencia anti-imperialista. Como bien se sabe, las luchas por nuestra independencia fueron sin lugar a dudas luchas anticoloniales, anti-imperiales, al darse una resistencia armada al dominio y la hegemonía del Imperio Hispano. La preocupación de la intelectualidad, no sólo venezolana sino Latinoamericana estaba relacionada con el tema del ¿ qué hacer con la nación?, y así fue tanto en el siglo XIX como en el XX.
El debate político, oscilo entre dos tendencias: 1) la de aquellos que señalaban que debíamos andar los caminos indicados por el mundo industrial y capitalista y 2) los que pensaban que había de liberarse de esas tendencias y construir otro camino. En Venezuela, se dio un anti-imperialismo inicial, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que debe ser representado en el pensamiento de César Zumeta y Rufino Blanco Fombona. Ambos pensadores señalaban una vía para sobrevivir nuestro país al impacto del nuevo capitalismo. Zumeta, decía en su obra El Continente Enfermo (1899) que los estados nacionales surgidos de la disolución del vínculo colonial debían: 1) explotar la riqueza natural para los fines de desarrollo nacional; 2) buscar una solución pacífica o violenta, cuando los medios pacíficos fallaran, de los problemas internos; 3) reinterpretar la Doctrina Monroe a fin de adaptarla a nuestro contexto. Eso llevo, a la circunstancia que Zumeta fuese uno de los actores claves para incorporar al gobierno de J.V. Gómez al desarrollo capitalista y a partir de ahí impulsar la modernización, como estrategia para sobrevivir al imperialismo. Blanco Fombona por su parte, sostiene la necesidad de la Unión panlatinoamericana, para detener el avance anglosajón. El anti-imperialismo de ambos, es sutil, nada comparado con la vertiente marxista cuyos mayores interpretes serán Salvador de La Plaza, Gustavo y Eduardo Machado.
Surgidos todos los anteriormente nombrados del movimiento estudiantil estructurado en torno a la Asociación General del Estudiantes (AGE) en 1914, terminarán influenciados largamente por José Enrique Rodó (Ariel), Manuel Ugarte, José Martí entre otros, sosteniendo la necesidad de acabar con los lazos de dependencia con el capital inglés y norteamericano. En 1925, Salvador de La Plaza y Machado señalaban la imperiosa necesidad de la Unidad Latinoamericana. En eso coinciden tanto con Zumeta como con Fombona. Sin embargo, establecen una diferencia esencial: la unidad estaba basada en el derrocamiento de los gobiernos tiránicos y el régimen que lo sustenta, el anticaudillismo y la presencia yanqui y la asociación que estableció con los agentes económicos en nuestros países. Mientras Zumeta y Fombona, señalaban la necesidad de adecuar la relación con los EEUU e Inglaterra, para protegerse de ellos; De La Plaza y Machado hablaban de una disolución de las relaciones. La estrategia discursiva de este anti-imperialismo se movió en dos campos: 1) el enfrentamiento con el imperialismo y sus representantes en los Estados Nacionales y 2) la táctica de conformación de “frentes” con ciertos sectores de la burguesía o de la pequeña burguesía. Eso explica, como el Partido Revolucionario Venezolano (PRV- 1926) cobijó en su seno a Rómulo Betancourt y luego se distanció uno del otro.
El Nuevo Anti-imperialismo de finales del siglo XX, ratifica su carácter continental. Viene expresado por la utilización del desarrollo capitalista, en cuanto generador de riqueza y poder económico, pero se diferencia de esté en cuanto el capital no es empleado para explotar más, por el contrario, el capital es un vehículo para fortalecer lazos de complementaridad. La UNASUR, es una muestra de esta estrategia anti-imperialista, los mecanismos de integración implementados por el eje político Chávez-Correa- Morales, señala un camino de combate a la expansión y control de mercados que pretende el imperialismo. Ante ellos, utiliza la estrategia de consolidar un mercado, pero no para colocar y reproducir el capital, sino para utilizar el capital como apoyo para la disminución de las contradicciones de clase imperantes. Este nuevo anti-imperialismo, emplea las estrategias económicas para luchar contra su definidor dialéctico, en ese sentido es mucho más efectivo del surgido en los inicios del siglo XX. El nuevo anti-imperialismo se maneja empleando el uso de los mercados y las estrategias económicas especulativas, pero no para aumentar la plusvalía sino más bien para utilizar las ganancias en el desarrollo de políticas sociales y movilización financiera para la consolidación económica de los Estados Nacionales.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
10/03/2009
Juane1208@gmail.com
El tema de anti-imperialismo se define conceptualmente, por su negación al imperialismo. Eso es: el desarrollo de una noción de extra-territoriedad, acompañada de una ampliación del aparato militar, con un sistema de subordinación económica-productiva que acompaña unas relaciones de poder. El Imperialismo, es la expresión de la consolidación de un modelo de capitalismo basado en la ampliación productiva.
En ese contexto, la transición de cambio entre los siglos XIX-XX, generó todo un debate acerca del impacto de ese modelo de desarrollo capitalista y su expresión política concreta: el imperialismo. El más conspicuo representante del pensamiento contra el imperialismo es sin duda Vladimir Ilich Lenín. De sus aportes y directrices se sucedieron una serie de consecuencias socio-políticas de gran impacto en Latinoamérica, que tenía unas condiciones históricas que la hicieron proclive para la construcción de una tendencia anti-imperialista. Como bien se sabe, las luchas por nuestra independencia fueron sin lugar a dudas luchas anticoloniales, anti-imperiales, al darse una resistencia armada al dominio y la hegemonía del Imperio Hispano. La preocupación de la intelectualidad, no sólo venezolana sino Latinoamericana estaba relacionada con el tema del ¿ qué hacer con la nación?, y así fue tanto en el siglo XIX como en el XX.
El debate político, oscilo entre dos tendencias: 1) la de aquellos que señalaban que debíamos andar los caminos indicados por el mundo industrial y capitalista y 2) los que pensaban que había de liberarse de esas tendencias y construir otro camino. En Venezuela, se dio un anti-imperialismo inicial, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que debe ser representado en el pensamiento de César Zumeta y Rufino Blanco Fombona. Ambos pensadores señalaban una vía para sobrevivir nuestro país al impacto del nuevo capitalismo. Zumeta, decía en su obra El Continente Enfermo (1899) que los estados nacionales surgidos de la disolución del vínculo colonial debían: 1) explotar la riqueza natural para los fines de desarrollo nacional; 2) buscar una solución pacífica o violenta, cuando los medios pacíficos fallaran, de los problemas internos; 3) reinterpretar la Doctrina Monroe a fin de adaptarla a nuestro contexto. Eso llevo, a la circunstancia que Zumeta fuese uno de los actores claves para incorporar al gobierno de J.V. Gómez al desarrollo capitalista y a partir de ahí impulsar la modernización, como estrategia para sobrevivir al imperialismo. Blanco Fombona por su parte, sostiene la necesidad de la Unión panlatinoamericana, para detener el avance anglosajón. El anti-imperialismo de ambos, es sutil, nada comparado con la vertiente marxista cuyos mayores interpretes serán Salvador de La Plaza, Gustavo y Eduardo Machado.
Surgidos todos los anteriormente nombrados del movimiento estudiantil estructurado en torno a la Asociación General del Estudiantes (AGE) en 1914, terminarán influenciados largamente por José Enrique Rodó (Ariel), Manuel Ugarte, José Martí entre otros, sosteniendo la necesidad de acabar con los lazos de dependencia con el capital inglés y norteamericano. En 1925, Salvador de La Plaza y Machado señalaban la imperiosa necesidad de la Unidad Latinoamericana. En eso coinciden tanto con Zumeta como con Fombona. Sin embargo, establecen una diferencia esencial: la unidad estaba basada en el derrocamiento de los gobiernos tiránicos y el régimen que lo sustenta, el anticaudillismo y la presencia yanqui y la asociación que estableció con los agentes económicos en nuestros países. Mientras Zumeta y Fombona, señalaban la necesidad de adecuar la relación con los EEUU e Inglaterra, para protegerse de ellos; De La Plaza y Machado hablaban de una disolución de las relaciones. La estrategia discursiva de este anti-imperialismo se movió en dos campos: 1) el enfrentamiento con el imperialismo y sus representantes en los Estados Nacionales y 2) la táctica de conformación de “frentes” con ciertos sectores de la burguesía o de la pequeña burguesía. Eso explica, como el Partido Revolucionario Venezolano (PRV- 1926) cobijó en su seno a Rómulo Betancourt y luego se distanció uno del otro.
El Nuevo Anti-imperialismo de finales del siglo XX, ratifica su carácter continental. Viene expresado por la utilización del desarrollo capitalista, en cuanto generador de riqueza y poder económico, pero se diferencia de esté en cuanto el capital no es empleado para explotar más, por el contrario, el capital es un vehículo para fortalecer lazos de complementaridad. La UNASUR, es una muestra de esta estrategia anti-imperialista, los mecanismos de integración implementados por el eje político Chávez-Correa- Morales, señala un camino de combate a la expansión y control de mercados que pretende el imperialismo. Ante ellos, utiliza la estrategia de consolidar un mercado, pero no para colocar y reproducir el capital, sino para utilizar el capital como apoyo para la disminución de las contradicciones de clase imperantes. Este nuevo anti-imperialismo, emplea las estrategias económicas para luchar contra su definidor dialéctico, en ese sentido es mucho más efectivo del surgido en los inicios del siglo XX. El nuevo anti-imperialismo se maneja empleando el uso de los mercados y las estrategias económicas especulativas, pero no para aumentar la plusvalía sino más bien para utilizar las ganancias en el desarrollo de políticas sociales y movilización financiera para la consolidación económica de los Estados Nacionales.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
10/03/2009
Juane1208@gmail.com
Etiquetas:
America latina,
Anti-imperialismo,
cambio político,
Chávez,
Crisis Mundial,
Venezuela,
Violencia
La descentralización en Venezuela
ACERCA DE LA DESCENTRALIZACIÓN EN VENEZUELA
La reciente modificación de la Ley de Descentralización y Transferencia de Competencias – vigente desde 1989- por parte de la Asamblea Nacional permite realizar una serie de consideraciones. Debemos comenzar por realizar un acercamiento socio-histórico al proceso en Venezuela. Comenzamos por desmentir la vertiente informativa que se está revirtiendo un proceso de 20 años (1989-2009). La descentralización en la larga duración ha sido una característica en su expresión de disgregación. Demostremos lo que digo: La Capitanía General de Venezuela, conformada en 1777, es el resultado del carácter disgregado de la estructura espacial panvenezolana. Cuando Los Borbones plantean la concentración política-administrativa no hacen sino pretender revertir las dispersiones administrativas existentes en el orden colonial.
Posteriormente, el proceso iniciado en 1821, con la Constitución de Cúcuta introduce en Venezuela una estructura descentralizada, expresada en cuatro (4) espacios territoriales: los Departamentos de Maracaibo, Venezuela, Oriente y Guayana. La Constitución de 1830 estableció que cada Gobierno Provincial contaba con una Asamblea de la cual se elegía la autoridad. En 1857, los Monagas introducen el Poder Municipal, en un intento de centralizar las decisiones políticas en un espacio territorial disperso. La Asamblea Constituyente de 1858, establece un sistema de pactos entre el sistema central y los Estados, es la base de un acuerdo federal no ortodoxo, en donde los espacios regionales obtienen ciertos derechos dentro del marco jurídico y la unidad del Proyecto Nacional. Este aspecto es puntual en la discusión que se tiene hoy. Se trata de plantearse y pensar en que forma la descentralización ha generado beneficio o por el contrario, ha devenido en confrontaciones con el poder central.
Esta preocupación que planteamos es base del debate que se genera en nuestro país entre 1858 hasta los inicios del proceso de centralización política iniciado por Cipriano Castro (1899-1908) y continuado por Juan V. Gómez (1908-1935). Las Constituciones desde 1858 hasta 1901 facultaban a los Estados para elegir a sus autoridades políticas, es esté un aspecto central de la descentralización. Su eliminación – junto a otras limitaciones- impuestas por la Constituyente de 1902 se explica por los intentos de terminar con el atomismo político característico de la Venezuela decimonónica. Durante los gobiernos de Castro y Gómez, las autoridades regionales fueron perdiendo potestades que le había asignado el proceso federal de 1864, tales como el disponer y administrar de una fuerza armada, administrar fuentes generadoras de ingresos entre otras. Ello es una consecuencia de la existencia de proyectos individuales de ejercicio del poder, que atentaban contra la unidad territorial y política de la Nación. Todo el proceso entre 1899 hasta 1989 estuvo marcada por la centralización política, bien sea en su vertiente autoritaria (Castro y Gómez, y mucho menos López Contreras y Medina) o bien sea por el centralismo democrático (1958-1988). La Descentralización de 1989, fue producto de esfuerzos de la elite político por sobrevivir al colapso del sistema político de conciliación, que se manifestó en las situaciones de violencia de febrero de 1989, conocido como el Caracazo. La adopción de la elección directa de Gobernadores y Alcaldes, así como la transferencia de la administración de servicios de salud, educación, puertos, aeropuertos y carreteras es una consecuencia de la globalización liberal, que exigió la reducción del “tamaño del Estado”, como condición para incorporarse a las condiciones del sistema-mundo. Sin embargo, sí bien el proceso de descentralización introdujo estas novedades, que acercan al gobierno estatal y municipal a las preferencias de los ciudadanos, también generó perversiones: la erección de liderazgos personalistas territoriales, que actuando bajo las potestades descentralizadoras se desenvolvieron como verdaderos caudillos decimonónicos, haciendo y deshaciendo a través del uso de los recursos regionales y municipales.
Las relaciones de clientelismo y burocratismo creadas bajo la descentralización, son equiparables a las condiciones del centralismo y permitidas bajo el marco jurídico de la Constitución de 1961. La Constitución de 1999, introduce cambios en todo orden: en el sistema político, en la estructura del Estado y por lo tanto en la administración pública. El ajuste a La Ley de Descentralización obedece a las contradicciones existentes entre los artículos 156 y 164. El 156 establece en sus numerales 2(defensa de la integralidad del territorio), 7 (seguridad y defensa de la nación), 15 (régimen de aduanas y comercio exterior), 20 (obras públicas de interés nacional), 26 (régimen de transporte terrestre, aéreo y fluvial) y 27 (régimen de vialidad) potestades del Poder Público Nacional, mientras que el art. 164 en su numeral 10 le otorga potestades concurrentes con el poder público nacional (puertos, aduanas, aeropuertos, carreteras). Con ello se abre un debate acerca del impacto que significa la dispersión de políticas públicas por parte de la relación entre los poderes públicos nacional, regional y municipal. Dr. Juan E. Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
2/04/2009
La reciente modificación de la Ley de Descentralización y Transferencia de Competencias – vigente desde 1989- por parte de la Asamblea Nacional permite realizar una serie de consideraciones. Debemos comenzar por realizar un acercamiento socio-histórico al proceso en Venezuela. Comenzamos por desmentir la vertiente informativa que se está revirtiendo un proceso de 20 años (1989-2009). La descentralización en la larga duración ha sido una característica en su expresión de disgregación. Demostremos lo que digo: La Capitanía General de Venezuela, conformada en 1777, es el resultado del carácter disgregado de la estructura espacial panvenezolana. Cuando Los Borbones plantean la concentración política-administrativa no hacen sino pretender revertir las dispersiones administrativas existentes en el orden colonial.
Posteriormente, el proceso iniciado en 1821, con la Constitución de Cúcuta introduce en Venezuela una estructura descentralizada, expresada en cuatro (4) espacios territoriales: los Departamentos de Maracaibo, Venezuela, Oriente y Guayana. La Constitución de 1830 estableció que cada Gobierno Provincial contaba con una Asamblea de la cual se elegía la autoridad. En 1857, los Monagas introducen el Poder Municipal, en un intento de centralizar las decisiones políticas en un espacio territorial disperso. La Asamblea Constituyente de 1858, establece un sistema de pactos entre el sistema central y los Estados, es la base de un acuerdo federal no ortodoxo, en donde los espacios regionales obtienen ciertos derechos dentro del marco jurídico y la unidad del Proyecto Nacional. Este aspecto es puntual en la discusión que se tiene hoy. Se trata de plantearse y pensar en que forma la descentralización ha generado beneficio o por el contrario, ha devenido en confrontaciones con el poder central.
Esta preocupación que planteamos es base del debate que se genera en nuestro país entre 1858 hasta los inicios del proceso de centralización política iniciado por Cipriano Castro (1899-1908) y continuado por Juan V. Gómez (1908-1935). Las Constituciones desde 1858 hasta 1901 facultaban a los Estados para elegir a sus autoridades políticas, es esté un aspecto central de la descentralización. Su eliminación – junto a otras limitaciones- impuestas por la Constituyente de 1902 se explica por los intentos de terminar con el atomismo político característico de la Venezuela decimonónica. Durante los gobiernos de Castro y Gómez, las autoridades regionales fueron perdiendo potestades que le había asignado el proceso federal de 1864, tales como el disponer y administrar de una fuerza armada, administrar fuentes generadoras de ingresos entre otras. Ello es una consecuencia de la existencia de proyectos individuales de ejercicio del poder, que atentaban contra la unidad territorial y política de la Nación. Todo el proceso entre 1899 hasta 1989 estuvo marcada por la centralización política, bien sea en su vertiente autoritaria (Castro y Gómez, y mucho menos López Contreras y Medina) o bien sea por el centralismo democrático (1958-1988). La Descentralización de 1989, fue producto de esfuerzos de la elite político por sobrevivir al colapso del sistema político de conciliación, que se manifestó en las situaciones de violencia de febrero de 1989, conocido como el Caracazo. La adopción de la elección directa de Gobernadores y Alcaldes, así como la transferencia de la administración de servicios de salud, educación, puertos, aeropuertos y carreteras es una consecuencia de la globalización liberal, que exigió la reducción del “tamaño del Estado”, como condición para incorporarse a las condiciones del sistema-mundo. Sin embargo, sí bien el proceso de descentralización introdujo estas novedades, que acercan al gobierno estatal y municipal a las preferencias de los ciudadanos, también generó perversiones: la erección de liderazgos personalistas territoriales, que actuando bajo las potestades descentralizadoras se desenvolvieron como verdaderos caudillos decimonónicos, haciendo y deshaciendo a través del uso de los recursos regionales y municipales.
Las relaciones de clientelismo y burocratismo creadas bajo la descentralización, son equiparables a las condiciones del centralismo y permitidas bajo el marco jurídico de la Constitución de 1961. La Constitución de 1999, introduce cambios en todo orden: en el sistema político, en la estructura del Estado y por lo tanto en la administración pública. El ajuste a La Ley de Descentralización obedece a las contradicciones existentes entre los artículos 156 y 164. El 156 establece en sus numerales 2(defensa de la integralidad del territorio), 7 (seguridad y defensa de la nación), 15 (régimen de aduanas y comercio exterior), 20 (obras públicas de interés nacional), 26 (régimen de transporte terrestre, aéreo y fluvial) y 27 (régimen de vialidad) potestades del Poder Público Nacional, mientras que el art. 164 en su numeral 10 le otorga potestades concurrentes con el poder público nacional (puertos, aduanas, aeropuertos, carreteras). Con ello se abre un debate acerca del impacto que significa la dispersión de políticas públicas por parte de la relación entre los poderes públicos nacional, regional y municipal. Dr. Juan E. Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
2/04/2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Barak Obama: falsas expectativas de cambio para el mundo
OBAMA: FALSAS EXPECTATIVAS DE CAMBIO
Llego el día: Barak Obama asumió la presidencia de los EEUU y su discurso inaugural, largamente esperado, demostró que no son muchas las expectativas de cambio que deben asumirse, sobre todo para el sistema-mundo.
Obama, asume que el declive de los EEUU es inevitable y que su deterioro como potencia mundial es una consecuencia de una perspectiva o punto de vista cínico que ha caracterizado a los factores de poder en el sistema norteamericano. No hay duda de la autocrítica subsumida en su planteamiento, que estableciendo un mea culpa identifica algunos de los elementos que han impulsado el deterioro efectivo del poder de los EEUU: los excesos del aparato militar, la resistencia para aceptar el cambio y una visión demasiado liberal de la economía. Por otra parte, hace lo que pocos presidentes de la gran potencia: aceptar que las expectativas creadas como nación hegemónica puedan ser mantenidas tal como se ha intentado sostener hasta ahora por los factores de poder. Esa aceptación es sin lugar a dudas un duro golpe para el estilo de vida norteamericano y para todos los ciudadanos movidos o impulsados – dentro y fuera de los EEUU- por ese ideal o matriz comunicativa.
Sin embargo, a pesar de esa visión pesimista y al mismo tiempo realista del presente inmediato, retoma los valores y principios dominantes sobre los cuales fue edificado el imperio norteamericano. La visión de un destino manifiesto, las fortalezas e ideales de los denominados “padres fundadores” afloran con frecuencia en el discurso inaugural, buscando con ello levantar el ánimo y el espíritu de una sociedad maltratada en su orgullo desde los sucesos del 11 de septiembre de 2001. Obama tiene claro el impacto de la crisis, entiende por otra parte que no es posible retomar el nivel hegemónico-dominante que tuvo los EEUU en el contexto posterior a la finalización de la II Gran Guerra en 1945; pero aun así sobre esas consideraciones – en un intento de emular a Martin Luther King- lanza un discurso evocador e idealista de las grandes obras y construcciones de los “padres fundadores” y para ello retoma el discurso liberal de la igualdad jurídica ante la Ley. En una sociedad multiétnica como la norteamericana, este discurso inaugural en donde asume la diversidad de los diversos grupos humanos que hacen vida – legal e ilegal- en los EEUU, sus palabras adquieren sentido al llenar de cierta esperanza a esos sectores tan golpeados y maltratados por la derecha norteamericana, que con sus políticas de apartheid y segregación tanto daño causo en lo interno; no obstante es solo una idea. El planteamiento en torno a la igualdad, la justicia, la esperanza es sólo una letanía en el contexto salvaje del tipo de capitalismo que se desarrolla en los EEUU y que el actual presidente ha dado muestras de querer auxiliar. Obama se encuentra en el dilema del prisionero. Está en desacuerdo con ese modelo extendido de economía liberal, que sin restricciones y basado en la especulación ha estado a punto de hundir el mundo capitalista, pero por otra parte, él mismo es adalid defensor de ese modelo. Lo deja claro cuando en una parte de su discurso dice: “no vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida”.
No hay la intención de modificar el discurso del poder de los EEUU, aun estando conscientes de su propia penalidad y crisis. Sigue construyendo su discurso sobre los ideales de grandeza y destino manifiesto sobre el cual se levanto y expandió, no sólo la sociedad norteamericana sino el modelo capitalista occidental. Obama ha asumido en su discurso la postura del optimista, que intenta relanzar los ideales de los “padres fundadores” y con ello llevar adelante lo inevitable: la pérdida de la hegemonía mundial. Sin saberlo, Obama actúa con la misma prepotencia de los romanos en el cenit de su imperio cuando estaban siendo progresivamente penetrados por sociedades provenientes de Europa central, a las que ellos consideraban “bárbaros”, indignos de la condición de ciudadano de Roma. Aun en su propio deterioro se resisten a aceptar la propia decadencia.
El 1er afrodescendiente en la presidente de los EEUU, aceptó en su discurso la idea del cambio, pero el mismo es asumido con los elementos tradicionales sobre los que se construyó y se sostuvo el imperio norteamericano. En ese sentido, las posibilidades de ver un Obama que insista en un cambio en las relaciones conflictuales impulsadas desde el sistema-mundo y su estructura caduca e inerme, son sólo falsas esperanzas. Para el mundo árabe, para los latinoamericanos y el resto del mundo, veremos un presidente norteamericano menos proclive a las guerras y el conflicto bélico, aunque sin dejar de mantener el cortejo con los halcones de la guerra sobre los que depende el aparato económico de los EEUU. En fin un cambio en apariencia o sencillamente una apariencia de cambio.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
20/01/2009
Llego el día: Barak Obama asumió la presidencia de los EEUU y su discurso inaugural, largamente esperado, demostró que no son muchas las expectativas de cambio que deben asumirse, sobre todo para el sistema-mundo.
Obama, asume que el declive de los EEUU es inevitable y que su deterioro como potencia mundial es una consecuencia de una perspectiva o punto de vista cínico que ha caracterizado a los factores de poder en el sistema norteamericano. No hay duda de la autocrítica subsumida en su planteamiento, que estableciendo un mea culpa identifica algunos de los elementos que han impulsado el deterioro efectivo del poder de los EEUU: los excesos del aparato militar, la resistencia para aceptar el cambio y una visión demasiado liberal de la economía. Por otra parte, hace lo que pocos presidentes de la gran potencia: aceptar que las expectativas creadas como nación hegemónica puedan ser mantenidas tal como se ha intentado sostener hasta ahora por los factores de poder. Esa aceptación es sin lugar a dudas un duro golpe para el estilo de vida norteamericano y para todos los ciudadanos movidos o impulsados – dentro y fuera de los EEUU- por ese ideal o matriz comunicativa.
Sin embargo, a pesar de esa visión pesimista y al mismo tiempo realista del presente inmediato, retoma los valores y principios dominantes sobre los cuales fue edificado el imperio norteamericano. La visión de un destino manifiesto, las fortalezas e ideales de los denominados “padres fundadores” afloran con frecuencia en el discurso inaugural, buscando con ello levantar el ánimo y el espíritu de una sociedad maltratada en su orgullo desde los sucesos del 11 de septiembre de 2001. Obama tiene claro el impacto de la crisis, entiende por otra parte que no es posible retomar el nivel hegemónico-dominante que tuvo los EEUU en el contexto posterior a la finalización de la II Gran Guerra en 1945; pero aun así sobre esas consideraciones – en un intento de emular a Martin Luther King- lanza un discurso evocador e idealista de las grandes obras y construcciones de los “padres fundadores” y para ello retoma el discurso liberal de la igualdad jurídica ante la Ley. En una sociedad multiétnica como la norteamericana, este discurso inaugural en donde asume la diversidad de los diversos grupos humanos que hacen vida – legal e ilegal- en los EEUU, sus palabras adquieren sentido al llenar de cierta esperanza a esos sectores tan golpeados y maltratados por la derecha norteamericana, que con sus políticas de apartheid y segregación tanto daño causo en lo interno; no obstante es solo una idea. El planteamiento en torno a la igualdad, la justicia, la esperanza es sólo una letanía en el contexto salvaje del tipo de capitalismo que se desarrolla en los EEUU y que el actual presidente ha dado muestras de querer auxiliar. Obama se encuentra en el dilema del prisionero. Está en desacuerdo con ese modelo extendido de economía liberal, que sin restricciones y basado en la especulación ha estado a punto de hundir el mundo capitalista, pero por otra parte, él mismo es adalid defensor de ese modelo. Lo deja claro cuando en una parte de su discurso dice: “no vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida”.
No hay la intención de modificar el discurso del poder de los EEUU, aun estando conscientes de su propia penalidad y crisis. Sigue construyendo su discurso sobre los ideales de grandeza y destino manifiesto sobre el cual se levanto y expandió, no sólo la sociedad norteamericana sino el modelo capitalista occidental. Obama ha asumido en su discurso la postura del optimista, que intenta relanzar los ideales de los “padres fundadores” y con ello llevar adelante lo inevitable: la pérdida de la hegemonía mundial. Sin saberlo, Obama actúa con la misma prepotencia de los romanos en el cenit de su imperio cuando estaban siendo progresivamente penetrados por sociedades provenientes de Europa central, a las que ellos consideraban “bárbaros”, indignos de la condición de ciudadano de Roma. Aun en su propio deterioro se resisten a aceptar la propia decadencia.
El 1er afrodescendiente en la presidente de los EEUU, aceptó en su discurso la idea del cambio, pero el mismo es asumido con los elementos tradicionales sobre los que se construyó y se sostuvo el imperio norteamericano. En ese sentido, las posibilidades de ver un Obama que insista en un cambio en las relaciones conflictuales impulsadas desde el sistema-mundo y su estructura caduca e inerme, son sólo falsas esperanzas. Para el mundo árabe, para los latinoamericanos y el resto del mundo, veremos un presidente norteamericano menos proclive a las guerras y el conflicto bélico, aunque sin dejar de mantener el cortejo con los halcones de la guerra sobre los que depende el aparato económico de los EEUU. En fin un cambio en apariencia o sencillamente una apariencia de cambio.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
20/01/2009
Etiquetas:
America latina,
Chávez,
Crisis Mundial,
democracia,
EEUU,
elecciones,
Venezuela
sábado, 10 de enero de 2009
EL SISTEMA-MUNDO Y LA CUESTIÓN PALESTINA
Lo que sucede en estos momentos en la Franja de Gaza, corresponde a la lógica de la Revolución en Acción Militar (RAM), que consiste en el uso de tecnología de punta en el desarrollo de acciones militares. Pero hay que contextualizarla en un conjunto de acciones que poco a poco han alejado las posibilidades de un acuerdo de paz, y al mismo tiempo incrementado la intervención militarista de los EEUU y los sectores más ultraconservadores de la sociedad israelí. No se debe olvidar que durante el gobierno de Bill Clinton, se insistió en la búsqueda concreta de una paz estable que implicó la concreción de un diálogo fructífero entre Yitzat Rabin y Yasser Arafat, ambos líderes históricos que representaron posturas extremas tanto en el campo israelí como en el mundo palestino.
La insistencia en el acuerdo era necesario y fue posible dada la relajación de las condiciones de Guerra Fría en el Medio Oriente. Los EEUU, sin perder de vista el papel estratégico que juega Israel para sus intereses, comprendió la imposibilidad de mantener una alta conflictividad en la zona, sobre todo considerando lo clave que es ese espacio de transición para la preponderancia militar del gigante del norte. Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Arafat, entendieron que las condiciones históricas que habían permitido el mantenimiento de su extremismo político habían cambiado y con ello debía cambiar su posición. En ese contexto de presión internacional, Arafat y Rabin concretaron el Acuerdo de Camp David, por el cual obtuvieron el Premio Nobel de la Paz. La muerte de Rabin, consecuencia del extremismo sionista, significó un retroceso en la construcción de la paz. Su sucesor, Benjamin Nethanyau, en nada contribuyó al avance de la paz y por el contrario dio inicio a un ciclo radical continuado por Ariel Sharon y sus sucesores en el ejercicio del poder en Israel. La muerte de Arafat, y el avance del extremismo de Hamas dejo sin interlocutores válidos a los palestinos que fueron arrastrados al clima de guerra sin cuartel propiciado por el Estado de Israel. Ante esta situación, la comunidad internacional, el Sistema-mundo con sus instituciones ha dejado de ejecutar los elementos de contención que debería implementar y al mismo tiempo, se ha mostrado impávido ante las recurrentes violaciones de los acuerdos humanitarios por parte de las fuerzas de seguridad israelí.
El contexto de cambio de gobierno en los EEUU, enmarcado por la salida de la extrema derecha representada por Bush y el supuesto – más no real- liderazgo emergente de Barak Obama, nos muestra que las expectativas creadas en torno a un cambio en la política exterior de los EEUU es sólo una quimera. El gobierno de Obama ha demostrado con su inacción su articulación con los intereses geoestratégicos de Israel en el Medio oriente. No hay posibilidad de acuerdo de paz en estos momentos. Israel insiste en una posición maniquea que sostiene que Hamas no es un movimiento político que represente el liderazgo del pueblo palestino. El propio Primer Ministro Mahmoud Abbas ha contribuido muy poco a concretar un diálogo con el grupo extremista Hamas, que controla el sistema de representación política en palestina y que tiene todo el peso del apoyo popular. Los EEUU, tanto sus representantes salientes como entrantes, mantienen la misma política de apoyo irrestricto a los intereses de Israel, a pesar de las constantes violaciones a las resoluciones de la ONU como al cumplimiento de los acuerdos de West Plastation de finales de los años 90, que obligaban a Israel a entregar algo más de 7% del territorio de la Franja de Gaza que han sido ilegalmente ocupados. En resumidas cuentas, asistimos a un momento donde se expresa – como nunca- la crisis de la potencia militar (EEUU) que sin embargo articula acciones de provocación que tienden a la búsqueda de una consolidación de lo que consideran el “espacio vital”: la zona del Medio oriente y Asia central. Tal como sucedió en el siglo XX con Alemania e Inglaterra, hoy en pleno siglo XXI vemos una competencia entre los intereses de una potencia – que a pesar de su debilidad- con otra que reta las posiciones y prerrogativas de la hegemónica. Los EEUU ven con preocupación que la situación en el Medio Oriente no se estabilice, pues esa inestabilidad incrementa las fluctuaciones en las dinámicas de control hegemónico que pretende desarrollar en otros escenarios mundiales. La situación es de riesgo y avizora un 2009 llena de conflictividades, ello es así por el hecho que los EEUU mantienen frentes de enfrentamiento en Irak, Afganistán, Asia central al mismo tiempo que tiene que enfrentarse con la crisis económica. En este escenario hay que observar con cuidado las reacciones y acciones en esta zona del mundo que tanta conflictividad ha tenido, esperemos que la Comunidad Internacional pueda contener los demonios de la guerra desatados por los EEUU, que necesita una guerra de gran magnitud para reactivar su aparato económico, tal como hizo en la 1era Guerra del Golfo en 1991. Seguiremos con atención la crisis y su desarrollo.
Dr. Juan E. Romero
Historiador
6/01/09
Juane1208@gmail.com
La insistencia en el acuerdo era necesario y fue posible dada la relajación de las condiciones de Guerra Fría en el Medio Oriente. Los EEUU, sin perder de vista el papel estratégico que juega Israel para sus intereses, comprendió la imposibilidad de mantener una alta conflictividad en la zona, sobre todo considerando lo clave que es ese espacio de transición para la preponderancia militar del gigante del norte. Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Arafat, entendieron que las condiciones históricas que habían permitido el mantenimiento de su extremismo político habían cambiado y con ello debía cambiar su posición. En ese contexto de presión internacional, Arafat y Rabin concretaron el Acuerdo de Camp David, por el cual obtuvieron el Premio Nobel de la Paz. La muerte de Rabin, consecuencia del extremismo sionista, significó un retroceso en la construcción de la paz. Su sucesor, Benjamin Nethanyau, en nada contribuyó al avance de la paz y por el contrario dio inicio a un ciclo radical continuado por Ariel Sharon y sus sucesores en el ejercicio del poder en Israel. La muerte de Arafat, y el avance del extremismo de Hamas dejo sin interlocutores válidos a los palestinos que fueron arrastrados al clima de guerra sin cuartel propiciado por el Estado de Israel. Ante esta situación, la comunidad internacional, el Sistema-mundo con sus instituciones ha dejado de ejecutar los elementos de contención que debería implementar y al mismo tiempo, se ha mostrado impávido ante las recurrentes violaciones de los acuerdos humanitarios por parte de las fuerzas de seguridad israelí.
El contexto de cambio de gobierno en los EEUU, enmarcado por la salida de la extrema derecha representada por Bush y el supuesto – más no real- liderazgo emergente de Barak Obama, nos muestra que las expectativas creadas en torno a un cambio en la política exterior de los EEUU es sólo una quimera. El gobierno de Obama ha demostrado con su inacción su articulación con los intereses geoestratégicos de Israel en el Medio oriente. No hay posibilidad de acuerdo de paz en estos momentos. Israel insiste en una posición maniquea que sostiene que Hamas no es un movimiento político que represente el liderazgo del pueblo palestino. El propio Primer Ministro Mahmoud Abbas ha contribuido muy poco a concretar un diálogo con el grupo extremista Hamas, que controla el sistema de representación política en palestina y que tiene todo el peso del apoyo popular. Los EEUU, tanto sus representantes salientes como entrantes, mantienen la misma política de apoyo irrestricto a los intereses de Israel, a pesar de las constantes violaciones a las resoluciones de la ONU como al cumplimiento de los acuerdos de West Plastation de finales de los años 90, que obligaban a Israel a entregar algo más de 7% del territorio de la Franja de Gaza que han sido ilegalmente ocupados. En resumidas cuentas, asistimos a un momento donde se expresa – como nunca- la crisis de la potencia militar (EEUU) que sin embargo articula acciones de provocación que tienden a la búsqueda de una consolidación de lo que consideran el “espacio vital”: la zona del Medio oriente y Asia central. Tal como sucedió en el siglo XX con Alemania e Inglaterra, hoy en pleno siglo XXI vemos una competencia entre los intereses de una potencia – que a pesar de su debilidad- con otra que reta las posiciones y prerrogativas de la hegemónica. Los EEUU ven con preocupación que la situación en el Medio Oriente no se estabilice, pues esa inestabilidad incrementa las fluctuaciones en las dinámicas de control hegemónico que pretende desarrollar en otros escenarios mundiales. La situación es de riesgo y avizora un 2009 llena de conflictividades, ello es así por el hecho que los EEUU mantienen frentes de enfrentamiento en Irak, Afganistán, Asia central al mismo tiempo que tiene que enfrentarse con la crisis económica. En este escenario hay que observar con cuidado las reacciones y acciones en esta zona del mundo que tanta conflictividad ha tenido, esperemos que la Comunidad Internacional pueda contener los demonios de la guerra desatados por los EEUU, que necesita una guerra de gran magnitud para reactivar su aparato económico, tal como hizo en la 1era Guerra del Golfo en 1991. Seguiremos con atención la crisis y su desarrollo.
Dr. Juan E. Romero
Historiador
6/01/09
Juane1208@gmail.com
Etiquetas:
Conflicto árabe-israelí,
Crisis Mundial,
EEUU,
Irak,
Israel,
Medio Oriente,
ONU,
Palestina,
relaciones internacionales,
Violencia
DE LA CONSTITUYENTE A LA ENMIENDA: EL CAMBIO POLÍTICO EN VENEZUELA (1999-2009)
DE LA CONSTITUYENTE A LA ENMIENDA: EL CAMBIO POLÍTICO EN VENEZUELA (1999-2009)
La convocatoria a un proceso de Enmienda Constitucional, recientemente hecho por el presidente de la república Hugo Chávez permite realizar una serie de consideraciones que se ubican tanto en el campo del Derecho Constitucional como de la Filosofía Política. Para el Derecho Constitucional, pues la Constitución aprobada en diciembre de 1999 se ubica en el denominado Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano, que considera la necesidad de ampliar los espacios de participación política, así como asumir la Constitución como un cuerpo jurídico no estático, no perfecto, más bien lo entiende como una dinámica de ajuste institucional en donde los colectivos de derecho pueden participar y articular las respuestas o ajustes jurídicos necesarios. Este Nuevo Constitucionalismo se diferencia de los modelos clásicos en la forma y contenido de las Constituciones. La de Venezuela, Colombia, la propuesta en Bolivia y la aprobada en Ecuador, incorporan mecanismos de democracia directa como el referendo, en sus diversas modalidades; pero más allá de eso asumen o incorporan en su estructura artículos que permiten su modificación, por otra parte, también se diferencias por el hecho que sus articulados son menos generales y más específicos en el tratamiento del tema de los derechos sociales, políticos y económicos; aspecto este que se contrapone con el Constitucionalismo Clásico – bajo el cual se redactaron los cuerpos generales de leyes en Francia, Alemania y EEUU- que plantea una perspectiva más general de los derechos.
Esa diferencia no es fortuita ni casuística. Para el Constitucionalismo Clásico esa generalización facilita, impulsa y promueve un significativo proceso de explotación general del hombre por el hombre y más aun, sostiene un aparato hegemónico sobre el cual se construye y afianza la dominación. Por su parte, el Nuevo Constitucionalismo insiste en la necesidad de comprender que una cosa o momento ocurre cuando se propone una Asamblea Constituyente para generar una nueva constitución y que así mismo, en un lapso no necesariamente largo, pueden haber cambiado las condiciones históricas y políticas, por lo cual se hace necesario la modificación profunda (Asamblea Constituyente), parcial (Reforma) o específica (Enmienda) de algún aspecto jurídico.
Desde el punto de vista de la filosofía política, también la propuesta de Enmienda permite realizar otras consideraciones socio-políticas. En este sentido hay que considerar que se establece una discusión en torno a conceptos como estabilidad política, gobernabilidad y participación. Se discute sobre la estabilidad política, pues hay sectores que señalan – ubicados en el Constitucionalismo Clásico- que los ajustes constitucionales son procesos que “alteran” la paz pública y se traducen en reconocimientos tácitos. Se discute el tema de la gobernabilidad, pues se piensa que nuevas incorporaciones destinadas a ampliar los derechos, aumentan las demandas de los ciudadanos y con ello se incrementa la posibilidad del conflicto social. Se discute el tema de la participación, pues la enmienda – tal como se plantea- significa que la última etapa para su promulgación es ejercida por el propio ciudadano y con ello se incrementa los espacios de discusión. Sea como sea, en lo que respecta a la estabilidad y la gobernabilidad, las posiciones expresadas por los actores políticos reseñan actitudes sumamente conservadoras que están en contra vía con el planteamiento político del nuevo constitucionalismo.
No hay duda que el proceso de Enmienda se diferencia ostensiblemente del proceso de reforma. Lo propuesto en el año 2007 incorporaba modificaciones significativas en diversos aspectos del cuerpo jurídico aprobado en 1999 sin tocar los principios fundamentales que lo caracterizan. La Enmienda es muy específica, se trata de ampliar las posibilidades de participar en la elección de cargos de representación pública y de nuevo, se introduce una discusión en términos políticos muy importantes. En primer lugar, se discute el tema de la alternabilidad. En las visiones clásicas y conservadoras de la política, la alternabilidad es entendida como la posibilidad que se produzca la sustitución de un actor político por otro, con preferencias ideológicas diversas; en la filosofía política menos estática la alternabilidad es entendida como un proceso de competición abierto por la ocupación de un cargo de responsabilidad pública. Entre una y otra posición hay una gran distancia. En el caso de la definición primera, la alternabilidad es entendida como la sucesión de un grupo político por otro. En el caso de la segunda, la alternabilidad es entendida como una competencia electoral y política en torno a las preferencias del ciudadano para la ocupación de un cargo público. En definitiva la alternabilidad viene dada en la actualidad por las condiciones que aseguren que cualquier ciudadano u organización política pueda acceder a la aspiración de ocupar un cargo público. En ese sentido la Enmienda no modifica en nada el concepto de alternabilidad. De hecho se mantiene la figura del referendo que asegura la alternabilidad política.
Otro mito surgido en torno a la reforma es que la postulación sin restricciones de candidatos a un cargo público implica cerrar las posibilidades de sustitución generacional. Quienes así lo sostienen demuestran una ignorancia acerca de la realidad política del gobierno. Se sabe por cantidad de investigaciones realizadas por teóricos de la ciencia política como O Donell, Sartori, Bobbio, Pzworsky, entre otros que el ejercicio continuo del poder se traduce en un desgaste político significativo que deja abierta la sustitución en cuanto se produce una perdida en las preferencias del electorado por considerar que no han sido satisfechas sus demandas. Eso quedo demostrado en democracias parlamentarias como la española cuando Felipe González fue sustituido; o en Inglaterra cuando Margareth Tatchert fue sustituida o en Francia cuando Francois Mitterrand perdió la hegemonía que había ejercido. En todos estos casos surgieron fuerzas alternas a quienes ejercía el gobierno y que representaron una alternativa a la hegemonía política. Por ello, en el caso específico de la democracia venezolana sigue abierta la posibilidad de sustitución de quienes ejercen los cargos de representación pública pues el mecanismo del referendo revocatoria sigue siendo importante para el equilibrio político.
La enmienda ha servido asimismo para discutir acerca de la posibilidad de introducir innovaciones en los sistemas políticos presidenciales. No hay duda que la postulación sin límites es una característica de los sistemas políticos parlamentarios y que no hay sistemas presidenciales que lo incorporen, pero ello no se traduce en que no sea posible hacerlo. Precisamente esta enmienda introduce el tema del cambio institucional en los sistemas políticos como una urgencia del nuevo constitucionalismo. No hay que perder de vista que en la historia mundial se han presentado discusiones acerca del cambio político. No puedo dejar de señalar que cuando Thomas Hobbes habló en su obra El Leviathan de la construcción de un contrato social entre la sociedad civil y el gobernante fue considerado absurdo en el clima absolutista de ejercicio del poder que imperaba, igual ocurrió con el Contrato Social de Rousseau que planteaba la posibilidad de ejercer corresponsabilidad cívica. En resumidas cuentas el hecho que se plantea en un sistema presidencialista la no limitación en la postulación abre un espacio para que el accionar en torno al buen gobierno sea una matriz de opinión que marque la decisión electoral de cambio o permanencia. Ese hecho tendría un gran peso en la estructura de los sistemas políticos en Latinoamérica y sin duda, los sectores más conservadores entienden las implicaciones políticas que puede tener en un espacio como el nuestro donde prevalecen gobiernos de izquierda cercanos a los intereses y perspectivas de los colectivos sociales.
La enmienda se constituye por lo tanto en un espacio múltiple de creación. Múltiple pues amplía el campo de la participación política, múltiple pues introduce novedades en la estructura y funcionamiento de los sistemas políticos. Con ello se distancia de quienes asumen que el cambio político es peligroso para “la estabilidad política”. Quienes así se manifiestan lo que hacen en indicar su enorme preocupación por un incremento de la participación ciudadana. En este sentido, la campaña política de quienes están proponiendo la enmienda debe dejar de ser una propaganda política que no diga nada. Me refiero a que no debe cometerse el error que se asumió en la pasada campaña de noviembre que tomo como lema Vamos con Todo, ese eslogan no estableció ninguna diferencia ideológica con quienes se oponían a la propuesta del PSUV. En el caso actual es clave insistir en la ampliación de los derechos, en la no alteración de la alternabilidad y sobre todo en la incorporación y adaptación del nuevo constitucionalismo al proceso de cambio. Y para hacerlo hay que diferenciarse entre propaganda y comunicación política. La propaganda maneja los mismos elementos de marketing comercial que caracteriza al capitalismo mientras que la comunicación política debe estar estructurada sobre significados culturales de gran impacto que incentiven la participación. No puedo terminar estas consideraciones sin señalar que todo parece indicar que más tarde que temprano vamos a derivar en un nuevo proceso de Asamblea Nacional Constituyente (ANC) pues las dinámicas de cambio que se vienen generando en Venezuela son de tal magnitud que en muchos casos los articulados de la Constitución de 1999 no alcanzan la magnitud de las expectativas y necesidades de los colectivos sociales. En ese sentido, en un momento determinado – dado el dinamismo de la democracia- terminaremos en una necesidad de adecuarnos al cambio y este proceso es solo una nueva etapa en ese camino.
Dr. Juan E. Romero
Historiador y Docente Universitario
Juane1208@gmail.com
10/01/2009
La convocatoria a un proceso de Enmienda Constitucional, recientemente hecho por el presidente de la república Hugo Chávez permite realizar una serie de consideraciones que se ubican tanto en el campo del Derecho Constitucional como de la Filosofía Política. Para el Derecho Constitucional, pues la Constitución aprobada en diciembre de 1999 se ubica en el denominado Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano, que considera la necesidad de ampliar los espacios de participación política, así como asumir la Constitución como un cuerpo jurídico no estático, no perfecto, más bien lo entiende como una dinámica de ajuste institucional en donde los colectivos de derecho pueden participar y articular las respuestas o ajustes jurídicos necesarios. Este Nuevo Constitucionalismo se diferencia de los modelos clásicos en la forma y contenido de las Constituciones. La de Venezuela, Colombia, la propuesta en Bolivia y la aprobada en Ecuador, incorporan mecanismos de democracia directa como el referendo, en sus diversas modalidades; pero más allá de eso asumen o incorporan en su estructura artículos que permiten su modificación, por otra parte, también se diferencias por el hecho que sus articulados son menos generales y más específicos en el tratamiento del tema de los derechos sociales, políticos y económicos; aspecto este que se contrapone con el Constitucionalismo Clásico – bajo el cual se redactaron los cuerpos generales de leyes en Francia, Alemania y EEUU- que plantea una perspectiva más general de los derechos.
Esa diferencia no es fortuita ni casuística. Para el Constitucionalismo Clásico esa generalización facilita, impulsa y promueve un significativo proceso de explotación general del hombre por el hombre y más aun, sostiene un aparato hegemónico sobre el cual se construye y afianza la dominación. Por su parte, el Nuevo Constitucionalismo insiste en la necesidad de comprender que una cosa o momento ocurre cuando se propone una Asamblea Constituyente para generar una nueva constitución y que así mismo, en un lapso no necesariamente largo, pueden haber cambiado las condiciones históricas y políticas, por lo cual se hace necesario la modificación profunda (Asamblea Constituyente), parcial (Reforma) o específica (Enmienda) de algún aspecto jurídico.
Desde el punto de vista de la filosofía política, también la propuesta de Enmienda permite realizar otras consideraciones socio-políticas. En este sentido hay que considerar que se establece una discusión en torno a conceptos como estabilidad política, gobernabilidad y participación. Se discute sobre la estabilidad política, pues hay sectores que señalan – ubicados en el Constitucionalismo Clásico- que los ajustes constitucionales son procesos que “alteran” la paz pública y se traducen en reconocimientos tácitos. Se discute el tema de la gobernabilidad, pues se piensa que nuevas incorporaciones destinadas a ampliar los derechos, aumentan las demandas de los ciudadanos y con ello se incrementa la posibilidad del conflicto social. Se discute el tema de la participación, pues la enmienda – tal como se plantea- significa que la última etapa para su promulgación es ejercida por el propio ciudadano y con ello se incrementa los espacios de discusión. Sea como sea, en lo que respecta a la estabilidad y la gobernabilidad, las posiciones expresadas por los actores políticos reseñan actitudes sumamente conservadoras que están en contra vía con el planteamiento político del nuevo constitucionalismo.
No hay duda que el proceso de Enmienda se diferencia ostensiblemente del proceso de reforma. Lo propuesto en el año 2007 incorporaba modificaciones significativas en diversos aspectos del cuerpo jurídico aprobado en 1999 sin tocar los principios fundamentales que lo caracterizan. La Enmienda es muy específica, se trata de ampliar las posibilidades de participar en la elección de cargos de representación pública y de nuevo, se introduce una discusión en términos políticos muy importantes. En primer lugar, se discute el tema de la alternabilidad. En las visiones clásicas y conservadoras de la política, la alternabilidad es entendida como la posibilidad que se produzca la sustitución de un actor político por otro, con preferencias ideológicas diversas; en la filosofía política menos estática la alternabilidad es entendida como un proceso de competición abierto por la ocupación de un cargo de responsabilidad pública. Entre una y otra posición hay una gran distancia. En el caso de la definición primera, la alternabilidad es entendida como la sucesión de un grupo político por otro. En el caso de la segunda, la alternabilidad es entendida como una competencia electoral y política en torno a las preferencias del ciudadano para la ocupación de un cargo público. En definitiva la alternabilidad viene dada en la actualidad por las condiciones que aseguren que cualquier ciudadano u organización política pueda acceder a la aspiración de ocupar un cargo público. En ese sentido la Enmienda no modifica en nada el concepto de alternabilidad. De hecho se mantiene la figura del referendo que asegura la alternabilidad política.
Otro mito surgido en torno a la reforma es que la postulación sin restricciones de candidatos a un cargo público implica cerrar las posibilidades de sustitución generacional. Quienes así lo sostienen demuestran una ignorancia acerca de la realidad política del gobierno. Se sabe por cantidad de investigaciones realizadas por teóricos de la ciencia política como O Donell, Sartori, Bobbio, Pzworsky, entre otros que el ejercicio continuo del poder se traduce en un desgaste político significativo que deja abierta la sustitución en cuanto se produce una perdida en las preferencias del electorado por considerar que no han sido satisfechas sus demandas. Eso quedo demostrado en democracias parlamentarias como la española cuando Felipe González fue sustituido; o en Inglaterra cuando Margareth Tatchert fue sustituida o en Francia cuando Francois Mitterrand perdió la hegemonía que había ejercido. En todos estos casos surgieron fuerzas alternas a quienes ejercía el gobierno y que representaron una alternativa a la hegemonía política. Por ello, en el caso específico de la democracia venezolana sigue abierta la posibilidad de sustitución de quienes ejercen los cargos de representación pública pues el mecanismo del referendo revocatoria sigue siendo importante para el equilibrio político.
La enmienda ha servido asimismo para discutir acerca de la posibilidad de introducir innovaciones en los sistemas políticos presidenciales. No hay duda que la postulación sin límites es una característica de los sistemas políticos parlamentarios y que no hay sistemas presidenciales que lo incorporen, pero ello no se traduce en que no sea posible hacerlo. Precisamente esta enmienda introduce el tema del cambio institucional en los sistemas políticos como una urgencia del nuevo constitucionalismo. No hay que perder de vista que en la historia mundial se han presentado discusiones acerca del cambio político. No puedo dejar de señalar que cuando Thomas Hobbes habló en su obra El Leviathan de la construcción de un contrato social entre la sociedad civil y el gobernante fue considerado absurdo en el clima absolutista de ejercicio del poder que imperaba, igual ocurrió con el Contrato Social de Rousseau que planteaba la posibilidad de ejercer corresponsabilidad cívica. En resumidas cuentas el hecho que se plantea en un sistema presidencialista la no limitación en la postulación abre un espacio para que el accionar en torno al buen gobierno sea una matriz de opinión que marque la decisión electoral de cambio o permanencia. Ese hecho tendría un gran peso en la estructura de los sistemas políticos en Latinoamérica y sin duda, los sectores más conservadores entienden las implicaciones políticas que puede tener en un espacio como el nuestro donde prevalecen gobiernos de izquierda cercanos a los intereses y perspectivas de los colectivos sociales.
La enmienda se constituye por lo tanto en un espacio múltiple de creación. Múltiple pues amplía el campo de la participación política, múltiple pues introduce novedades en la estructura y funcionamiento de los sistemas políticos. Con ello se distancia de quienes asumen que el cambio político es peligroso para “la estabilidad política”. Quienes así se manifiestan lo que hacen en indicar su enorme preocupación por un incremento de la participación ciudadana. En este sentido, la campaña política de quienes están proponiendo la enmienda debe dejar de ser una propaganda política que no diga nada. Me refiero a que no debe cometerse el error que se asumió en la pasada campaña de noviembre que tomo como lema Vamos con Todo, ese eslogan no estableció ninguna diferencia ideológica con quienes se oponían a la propuesta del PSUV. En el caso actual es clave insistir en la ampliación de los derechos, en la no alteración de la alternabilidad y sobre todo en la incorporación y adaptación del nuevo constitucionalismo al proceso de cambio. Y para hacerlo hay que diferenciarse entre propaganda y comunicación política. La propaganda maneja los mismos elementos de marketing comercial que caracteriza al capitalismo mientras que la comunicación política debe estar estructurada sobre significados culturales de gran impacto que incentiven la participación. No puedo terminar estas consideraciones sin señalar que todo parece indicar que más tarde que temprano vamos a derivar en un nuevo proceso de Asamblea Nacional Constituyente (ANC) pues las dinámicas de cambio que se vienen generando en Venezuela son de tal magnitud que en muchos casos los articulados de la Constitución de 1999 no alcanzan la magnitud de las expectativas y necesidades de los colectivos sociales. En ese sentido, en un momento determinado – dado el dinamismo de la democracia- terminaremos en una necesidad de adecuarnos al cambio y este proceso es solo una nueva etapa en ese camino.
Dr. Juan E. Romero
Historiador y Docente Universitario
Juane1208@gmail.com
10/01/2009
Etiquetas:
Bolivia,
Chávez,
Colombia,
Conflicto,
Crisis Mundial,
democracia,
Ecuador,
EEUU,
elecciones,
partidos,
POLITICA,
PSUV,
Venezuela
miércoles, 17 de diciembre de 2008
La Crisis Mundial: ¿preludio de una nueva guerra?
La Crisis Mundial: ¿preludio de una nueva guerra?
Las contradicciones del sistema tardo-capitalista son muchas, comenzando por el hecho que la dinámica del capital se encuentra basada en la especulación como su máxima expresión. Ello significa que el poderío económico del denominado G-8, y particularmente de los EEUU se estructura sobre el aprovechamiento de los recursos financieros surgidos del capital especulativo que se “mueve” libremente sobre las bases conceptuales de la denominada “globalización” o mundialización. Precisamente por ser así, es que debemos entender la “urgencia” con la que actúan los presidentes de los grandes países y sus respectivos representantes financieros, que luego de décadas de propugnar el no intervencionismo del Estado nacional en los asuntos económicos del mercado, acudieron raudos y veloces en auxilio de los bancos y otros entes que jugando bajo las reglas de la especulación – que rigen el sistema-mundo- colocan al sistema financiero al borde del colapso.
Esta crisis económica, tiene enormes coincidencias con la crisis del año 1929 que fue el preludio de la II Gran Guerra. Cómo se recordará, en ese entonces – cómo ahora- se produjo un alza especulativa con los valores comerciales de muy diversas compañías en las bolsas ubicadas en las principales capitales del mundo. La manera en que los sectores hegemónicos de la economía, ligados al control de los medios de producción, manejaron el rendimiento de los capitales; aunado al hecho que tanto la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), los EEUU, Francia, Inglaterra y la propia China se encontraban en un juego de posicionamiento geoestratégico – tal como ocurre hoy- que incluyó el uso del capital financiero para apuntalar su estrategia militar fue un aliciente para evadir los controles que todo sistema debe generar sobre las dinámicas especulativas. Ahora bien, tanto en la 1era mitad del siglo XX, como en esta 1era mitad del siglo XXI, esos controles resultaron infructuosos; sumiendo al sistema-mundo en una lucha por el control financiero.
De lo que hablamos es cómo las grandes potencias, en la lógica de desarrollo del sistema tardo-capitalista, buscan acumular la mayor cantidad de capital financiero-económico buscando con ello apuntalar su aparato estratégico-militar disuasivo, en una dinámica que busca neutralizar los esfuerzos armamentísticos de sus rivales geopolíticos a través de la amenaza real o ficticia de movilizarse en el “espacio vital” del “otro”. Hay que recordar como la Alemania de Hitler, desde el ascenso al poder en los inicios del siglo XX propuso la recuperación de zonas o espacios territoriales considerados “vitales” para la existencia de la Nación alemana, implicando ello no sólo un proceso de rearme, sino también la utilización y explotación de los medios de producción para consolidar ese poderío militar. Ese accionar llevó a Hitler a expandirse por el Rhin, tomar Austria, invadir Polonia y firmar un acuerdo con Rusia de no agresión que le facilitará desplazarse hacia las zonas estratégicas controladas por Inglaterra y Francia en Europa Occidental. Cuando vemos a qué condujo esa situación, nos damos cuenta que todos los países – incluyendo los EEUU- utilizaron la vía de la confrontación militar para reactivar la economía en crisis desde inicio de la década de los años 30 del pasado siglo XX. Al realizar el análisis comparado, nos damos cuenta que ayer como hoy, la crisis es producto de la especulación y que la existencia de la misma pone en serio peligro la dinámica de desenvolvimiento de los factores de poder. Ayer como hoy vemos como las potencias comienzan a movilizarse en una acción expansiva hacia “áreas de influencia” del otro: los EEUU se moviliza y actúa sobre Georgia, buscando con ello afectar el flujo de petróleo desde el Cáucaso – vital para la Rusia de Putin- mientras Rusia aumenta su presencia económica y su asesoría militar en Latinoamérica- zona vital por excelencia de los EEUU- como nunca había ocurrido siquiera durante la Guerra Fría.
Lo que planteamos es que la crisis financiera mundial y las escasas posibilidades que tiene de subsanar las carencias y desequilibrios que generó por la ausencia de controles estatales y mundiales sobre la actividad especulativa mundial, puede devenir en una nueva gran confrontación que puede resultar desastrosa, dada la significativa evolución de la capacidad militar de destruir todo a su paso. Esa confrontación puede ser asumida como “una salida a la crisis”, que reactive el aparato productivo que estando vinculado al aparato militar y con ello generar un nuevo dinamismo que produzca un reequilibrio del propio capital. Esa hipótesis – descabellada a nuestro entender- no resulta tan sí se ve bajo la óptica de los enormes intereses creados y se contextualiza en un escenario en donde el consumo energético sigue en aumento y las reservas mundiales se ven reducidas al máximo. Además hay que aderezar esta situación con el hecho que tal como sucedió en los preludios de la II Gran Guerra, la potencia hegemónica para entonces – Inglaterra- fue perdiendo capacidad de disuasión y progresivamente fue desplazada por potencias emergentes – EEUU y Alemania- que aceleraron la confrontación definitiva que generaría un nuevo orden mundial. Hoy la situación es parecida: la situación hegemónica de los EEUU se encuentra en duda, existen nuevas potencias emergentes – China, la recuperación de Rusia, Brasil, India- que sintiendo el peso de la crisis y aprovechando esa condición de debilidad pueden buscar acelerar la crisis militar de los EEUU. Por otra parte hay que considerar que dentro de los EEUU están conscientes de esta situación y manejan también la hipótesis de la guerra como un escenario de reactivación económica, tal como sucedió con la I y II Guerra del Golfo. Como sea nos encontramos en una coyuntura histórica que debe ser vista con atención por las implicaciones que pueda tener.
Dr. Juan E. Romero
La Universidad del Zulia
17/12/2008
Las contradicciones del sistema tardo-capitalista son muchas, comenzando por el hecho que la dinámica del capital se encuentra basada en la especulación como su máxima expresión. Ello significa que el poderío económico del denominado G-8, y particularmente de los EEUU se estructura sobre el aprovechamiento de los recursos financieros surgidos del capital especulativo que se “mueve” libremente sobre las bases conceptuales de la denominada “globalización” o mundialización. Precisamente por ser así, es que debemos entender la “urgencia” con la que actúan los presidentes de los grandes países y sus respectivos representantes financieros, que luego de décadas de propugnar el no intervencionismo del Estado nacional en los asuntos económicos del mercado, acudieron raudos y veloces en auxilio de los bancos y otros entes que jugando bajo las reglas de la especulación – que rigen el sistema-mundo- colocan al sistema financiero al borde del colapso.
Esta crisis económica, tiene enormes coincidencias con la crisis del año 1929 que fue el preludio de la II Gran Guerra. Cómo se recordará, en ese entonces – cómo ahora- se produjo un alza especulativa con los valores comerciales de muy diversas compañías en las bolsas ubicadas en las principales capitales del mundo. La manera en que los sectores hegemónicos de la economía, ligados al control de los medios de producción, manejaron el rendimiento de los capitales; aunado al hecho que tanto la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), los EEUU, Francia, Inglaterra y la propia China se encontraban en un juego de posicionamiento geoestratégico – tal como ocurre hoy- que incluyó el uso del capital financiero para apuntalar su estrategia militar fue un aliciente para evadir los controles que todo sistema debe generar sobre las dinámicas especulativas. Ahora bien, tanto en la 1era mitad del siglo XX, como en esta 1era mitad del siglo XXI, esos controles resultaron infructuosos; sumiendo al sistema-mundo en una lucha por el control financiero.
De lo que hablamos es cómo las grandes potencias, en la lógica de desarrollo del sistema tardo-capitalista, buscan acumular la mayor cantidad de capital financiero-económico buscando con ello apuntalar su aparato estratégico-militar disuasivo, en una dinámica que busca neutralizar los esfuerzos armamentísticos de sus rivales geopolíticos a través de la amenaza real o ficticia de movilizarse en el “espacio vital” del “otro”. Hay que recordar como la Alemania de Hitler, desde el ascenso al poder en los inicios del siglo XX propuso la recuperación de zonas o espacios territoriales considerados “vitales” para la existencia de la Nación alemana, implicando ello no sólo un proceso de rearme, sino también la utilización y explotación de los medios de producción para consolidar ese poderío militar. Ese accionar llevó a Hitler a expandirse por el Rhin, tomar Austria, invadir Polonia y firmar un acuerdo con Rusia de no agresión que le facilitará desplazarse hacia las zonas estratégicas controladas por Inglaterra y Francia en Europa Occidental. Cuando vemos a qué condujo esa situación, nos damos cuenta que todos los países – incluyendo los EEUU- utilizaron la vía de la confrontación militar para reactivar la economía en crisis desde inicio de la década de los años 30 del pasado siglo XX. Al realizar el análisis comparado, nos damos cuenta que ayer como hoy, la crisis es producto de la especulación y que la existencia de la misma pone en serio peligro la dinámica de desenvolvimiento de los factores de poder. Ayer como hoy vemos como las potencias comienzan a movilizarse en una acción expansiva hacia “áreas de influencia” del otro: los EEUU se moviliza y actúa sobre Georgia, buscando con ello afectar el flujo de petróleo desde el Cáucaso – vital para la Rusia de Putin- mientras Rusia aumenta su presencia económica y su asesoría militar en Latinoamérica- zona vital por excelencia de los EEUU- como nunca había ocurrido siquiera durante la Guerra Fría.
Lo que planteamos es que la crisis financiera mundial y las escasas posibilidades que tiene de subsanar las carencias y desequilibrios que generó por la ausencia de controles estatales y mundiales sobre la actividad especulativa mundial, puede devenir en una nueva gran confrontación que puede resultar desastrosa, dada la significativa evolución de la capacidad militar de destruir todo a su paso. Esa confrontación puede ser asumida como “una salida a la crisis”, que reactive el aparato productivo que estando vinculado al aparato militar y con ello generar un nuevo dinamismo que produzca un reequilibrio del propio capital. Esa hipótesis – descabellada a nuestro entender- no resulta tan sí se ve bajo la óptica de los enormes intereses creados y se contextualiza en un escenario en donde el consumo energético sigue en aumento y las reservas mundiales se ven reducidas al máximo. Además hay que aderezar esta situación con el hecho que tal como sucedió en los preludios de la II Gran Guerra, la potencia hegemónica para entonces – Inglaterra- fue perdiendo capacidad de disuasión y progresivamente fue desplazada por potencias emergentes – EEUU y Alemania- que aceleraron la confrontación definitiva que generaría un nuevo orden mundial. Hoy la situación es parecida: la situación hegemónica de los EEUU se encuentra en duda, existen nuevas potencias emergentes – China, la recuperación de Rusia, Brasil, India- que sintiendo el peso de la crisis y aprovechando esa condición de debilidad pueden buscar acelerar la crisis militar de los EEUU. Por otra parte hay que considerar que dentro de los EEUU están conscientes de esta situación y manejan también la hipótesis de la guerra como un escenario de reactivación económica, tal como sucedió con la I y II Guerra del Golfo. Como sea nos encontramos en una coyuntura histórica que debe ser vista con atención por las implicaciones que pueda tener.
Dr. Juan E. Romero
La Universidad del Zulia
17/12/2008
Etiquetas:
Alemania,
America latina,
Conflicto,
Crisis Mundial,
economía,
EEUU,
petróleo,
POLITICA,
relaciones internacionales,
Rusia
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Cuadro de Búsqueda
Búsqueda personalizada
Redalyc Buscador de Artículos
Album Juan Romero
PÁGINA PERSONAL DEL DR. JUAN EDUARDO ROMERO
DR. JUAN EDUARDO ROMERO (VENEZUELA)
Historiador, especialista en procesos políticos contemporáneos de América Latina. Docente e Investigador de la Universidad del Zulia en Venezuela. Profesor invitado en España, Francia, Italia, Colombia, Brasil, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Cuba, México, Costa Rica. Investigador Nivel II del Programa de Promoción al Investigador (PPI) del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Venezuela. Teléfonos (58) 261 7596253 (telfax oficina). (58) 4126543075 ( móvil). Correo electrónico: juane1208@gmail.com
Historiador, especialista en procesos políticos contemporáneos de América Latina. Docente e Investigador de la Universidad del Zulia en Venezuela. Profesor invitado en España, Francia, Italia, Colombia, Brasil, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Cuba, México, Costa Rica. Investigador Nivel II del Programa de Promoción al Investigador (PPI) del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Venezuela. Teléfonos (58) 261 7596253 (telfax oficina). (58) 4126543075 ( móvil). Correo electrónico: juane1208@gmail.com
Vínculos a Páginas de Historia
- América Latina Colonial
- Asociación de Historia Actual
- Atlas Histórico Siglo XX
- Biblioteca Digital Andina
- Biblioteca Virtual de Simón Bolívar
- CLACSO
- CONSTITUCIONES DE VENEZUELA (1811-1999)
- E- journal. Enlaces electrónicos a Revistas de Historia publicadas en la UNAM
- Efemérides venezolanas
- Evolución de la Bandera de Venezuela
- Hispania Nova. Enlaces a archivos, textos y mapas de América Latina y el Mundo
- Historia a debate
- Historia América Latina 1492-1992
- HISTORIA DE VENEZUELA EN IMÁGENES
- HISTORIA DE VENEZUELA PARA NOSOTROS
- Historia del Siglo XX
- Historia Iberoamérica Siglos XVI-XVIII
- Instituto Iberoamericano de Berlín
- La conquista y los conquistadores
- La minería en Latinoamérica
- Lanic. Recursos sobre América Latina
- Latinoamérica en los años 40. Libro
- Le Monde Diplomatic. América Latina
- Mapas Históricos. Enlaces
- Recursos sobre venezuela
- Textos y archivos de latinoamérica
- Venezuela Tuya. Historia de Venezuela
Links a temas de actualidad en América Latina y el mundo
- Grupo de estudio Crisis Internacionales
- Historia de Iberoamérica
- Historia del Arte América Latina
- Mapas históricos de Norteamérica, Sudamérica y Europa
- Mapoteca de América Latina. Límites y fronteras
- Observatorio Político de América Latina
- Oxford Base de datos de historia económica de América Latina
- Recursos Políticos en la web
- Revista América latina: Historia y memoria (francia)
- Revista Relaciones Internacionales
La Doctrina de Seguridad de los EEUU y su impacto en Latinoamérica.
En Ubeda, España 2005
Programas Políticos e Historia en el siglo XIX venezolano
En Barcelona, España (2005)
Foro sobre la reforma constitucional. IUTM Septiembre 2007
Las Operaciones en la Investigación Historiográfica
Simposio Venezuela después del 3 de diciembre 2007
Datos personales
- Historiador
- Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela
- Doctor en Historia Social y Política Contemporánea. Profesor de la Universidad del Zulia, Venezuela. Especialista en Historia Contemporánea de América Latina. DEA en Gerencia Política y Gobernabilidad. Autor de más de 35 artículos sobre procesos políticos. Co-autor de seis Textos sobre Proceso Socio-político en Venezuela. Teléfono Telfax (58) 261 7596253, móvil (58)4126543075. E-mail: juane1208@gmail.com
En la frontera con Colombia (Guajira venezolana)
Foro sobre la Reforma Constitucional (IUTM octubre 2007)
Sistema Político. Comportamiento Político y participación
Actividad de Campo en urumaco (Edo. Falcón)
Foto con un grupo de alumnos de Historia en el Edo. Falcón
Foro sobre la reforma en el IUTM (Maracaibo) Octubre 2007
Historiografía. Clase Nº 1
En el Cerro Niquitao (Trujillo 2007)
En Castilletes (Frontera con Colombia)
Foto desde el Hito Nº 1 con el Profesor Wualter Velez de la Universidad del Zulia. Castilletes