Página personal del Dr. Juan Eduardo Romero, Docente e Investigador de la Universidad del Zulia- Venezuela. Historiador especialista en procesos Políticos Contemporáneos. Profesor Invitado en España, Argentina, Colombia, Ecuador, Francia, Alemania, Italia, Brasil. Miembro de la Red de Estudios de Seguridad y Defensa de América Latina (RESDAL), Miembro de la Asociación de Historia Actual (AHA). Teléfonos (58) 412 6543075 (Móvil), Telfax (58) 261 7596253. E-mail: juane1208@gmail.com
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martes, 12 de junio de 2012
CHÁVEZ Y LOS 5 OBJETIVOS HISTÓRICOS
El discurso del presidente Chávez, en el acto de inscripción de su candidatura para las elecciones del 7 de octubre del presente año, señala varias diferencias con su rival, el candidato de la oposición Henrique Capriles Radonski. Hay un 1er conjunto de diferencias, signadas por la estructura discursiva y la capacidad de hilvanar un conjunto de ideas en un lapso bastante prolongado (más de 3 horas). En este conjunto de expresiones se observo un individuo que desmiente las versiones de una enfermedad terminal. Físicamente resulta inaudito pensar que una persona que este – como lo han sostenido medios nacionales y extranjeros- en una etapa inminente a su muerte pueda no sólo mantenerse de pie dando un discurso, sino que además este discurso este provisto de unidad temática, coherencia y significado.
Al comparar las inscripciones de candidaturas, se observa no sólo una diferencia – evidente- en cuanto a la extensión del discurso ( Capriles cerca de 22 minutos incluyendo las largas pausas y Chávez 180 minutos sin pausas), hay una diferencia más profunda: la capacidad de trasmitir y conectarse con la emotividad de las personas. El día domingo 10 de junio, observamos un Capriles dudando en la estructura sintáctica y gramatical de su discurso, aunado a los evidentes vacios conceptuales y a sus infructuosos intentos de mostrar emoción (Te quiero Venezuela¡). El lunes 11 de junio, se vio a un Chávez conectado, sensibilizado con los colectivos, con sus seguidores. Asistimos a un discurso que demuestra lo que expreso ese gran pensador francés Michell Foucault: un discurso que es dicho, es decir, un discurso que se reproduce por aceptación o por rechazo. Esa reproducción está relacionada con diversos elementos. Uno de ellos es la capacidad de vincular el mundo personal – el del ser humano, no el del presidente- con otros mundos personales de los grupos de personas que lo rodean. Se corresponde a una capacidad de lectura de ciertos temas que son considerados esenciales a la propia condición humana. Otro elemento evidenciado, es la insistencia en colocar en el campo de la discusión ciudadana tópicos (lexías) que se relacionan con la vida cotidiana de todos (seguridad, empleo, medio ambiente, prosperidad).
En este 1er conjunto de elementos el balance es claro: un candidato que da una muestra de coherencia enunciativa, paradigmática, con capacidad para mantener atento a un público que ha marchado, que se ha movilizado. En este conjunto de elementos ambos candidatos hicieron uso de manifestaciones de fortaleza física. Capriles caminando cerca de 10 kilómetros con el objeto de mostrarse como lo que es: joven y dinámico. Chávez manteniéndose parado por más de 180 minutos continuos. Esas manifestaciones físicas tienen sentidos simbólicos diferentes: para Capriles se trata de mostrar que él es un candidato dinámico, que da demostraciones de fuerza que buscan sean contrastada con un candidato – supuestamente- enfermo. Por su parte, Chávez mostró una presencia física que ridiculiza los rumores, las especulaciones tejidas por la agenda mediática. Su presencia física genera un efecto tranquilizador en los bolivarianos, quienes tenían una duda razonable sobre sus condiciones de salud.
Hay un 2do conjunto de diferencias, propias de la propia significación de las ideas presentadas. El candidato Capriles se mostró dinámico – eso nadie lo duda- pero carente de profundidad y convencimiento en su estructura discursiva. Los constantes vacios en la articulación del discurso, hacen ver un hombre que no es capaz de mantener una lógica de significados y significantes en temas que pueden alcanzar sensibilizar a los ciudadanos. Al abordar áreas como seguridad, empleo, no logro convencer con una propuesta que se sintiera con conexión a los profundos sentires de la población. Observamos un discurso que pasaba de unas ideas – desconectadas, sin sentido- a otras sin alcanzar definirlas en profundidad. Por su parte, el discurso de Chávez – más allá de su extensión temporal- mostro mantener intacta las ventajas de un liderazgo carismático y emotivo. El recurrir a elementos de emotividad le permitió mantenerse conectado con unos colectivos que se han mostrado preocupados por su estado de salud. Sin embargo, más allá de eso, en este 2do conjunto de elementos vimos una clara definición ideológica. Capriles por su parte, aunque intento establecer comparaciones, no lo hizo sobre la base de la construcción de un “ellos” y un “nosotros” que los colocara en el espectro derecha-izquierda en el cual se ubican tradicionalmente los ciudadanos.
El discurso de Chávez se emotivizó al mismo tiempo que se posicionó como un discurso de izquierda, nacionalista y anti-imperialista. La propuesta que esbozo bajo la idea de objetivos históricos nos muestra una perspectiva – o más bien prospectivo por su visión de futuro- que coloca al proceso venezolano con un amplio sentido histórico, pero además como una respuesta ante la crisis de acumulación – y depredación- del sistema capitalista. Cuando Chávez señala como prioridad la independencia, lo plantea como una respuesta a la articulación en red bajo la dictadura del capital, que lleva a los Estados Nacionales a adaptarse y acoplarse a las necesidades de acumulación de riqueza del sistema-mundo y que son la base de las diferencias en la distribución de la riqueza. Asimismo sucede con la idea de construir un modelo de socialismo que se aleje de las perversiones del socialismo real soviético o cubano, y otro tanto con la necesidad de transformar al país en una potencia que canalice – y encabece – iniciativas de articulación de esfuerzos gran-nacionales que construyan alternativas a las formas de control y expoliación capitalista. Para ello, la contribución a elaborar alternativas pluripolares como UNASUR, la CELAC, ALBA y banco del Sur, son una necesidad histórica. Para Chávez, un proceso como el venezolano no puede sobrevivir sin lograr llevar más allá de sus fronteras la propuesta de transustanciación social y cultural. Finalmente, todo ello conduce a la prioridad de lograr sobrevivir a las propias dinámicas destructoras de la vida, propiciadas desde la lógica expoliativa del capitalismo. En conclusión, fuimos testigos de una confrontación de ideas que dejo en claro quién es quién en el campo ideológico.
Dr. Juan E. Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
11/06/2012
miércoles, 21 de marzo de 2012
EL DISCURSO POLÍTICO DE CARA A LAS ELECCIONES 2012
El discurso expresa mucho más que simple palabras, articuladas en frases, adjetivos, sustantivos, verbos o complementos directos o indirectos. El discurso manifiesta una forma de ser y entender el mundo social. Por lo tanto al construirse un discurso, lo que se observa en un ser-sí-mismo en torno al contexto social en el que nos desenvolvemos. Ese ser-sí-mismo, nos señala la forma particular en la que organizamos el mundo social, la realidad que nos toca vivir. Ese discurso, nos manifiesta por lo tanto, las maneras sociales en las que nos vemos y relacionamos con otros.
Eso es vital, al analizar y comprender el discurso político, que expresa las articulaciones y las relaciones de poder que caracterizan un complejo social. Esas articulaciones y expresiones se encuentran matizadas por un elemento ideológico, que se manifiesta en los esfuerzos individuales y colectivos por ejercer – y controlar- el poder, entendido en un sentido weberiano, es decir, como capacidad para modificar el comportamiento de otro. Esa vinculación se establece entre el discurso como expresión social del poder y la interacción- dominante- que el ansia de poder ejerce sobre el discurso. En este sentido, la construcción de un discurso político, como discurso de poder, pone en evidencia el ser y el hacer en relación con la realidad social de los grupos sociales que emiten el discurso. En ese sentido, se debe asumir que el discurso de poder – o contrapoder o contrahegemónico en el sentido gramsciano- no es inmutable. Si algo caracteriza los estudios del discurso, y particularmente los estudios del discurso político, es su característica de mutabilidad, su capacidad de cambio. Este aspecto, es particularmente pertinente para el caso de los análisis de discurso del presidente Hugo Chávez.
Hemos señalado en un conjunto de trabajos realizados sobre el discurso de Chávez -Discurso y filosofía Política en Hugo Chávez (2001), uso e interpretaciones de la historia en el Discurso de Hugo Chávez (2005), el pensamiento socio-político de Chávez (2010)- que se encuentra en él una característica de uso de la idea de crisis y agotamiento, que está presente en el imaginario de los venezolanos en el contexto socio-histórico de finales del siglo XX. Esa idea de crisis, o sobre esa idea de crisis se asigna responsabilidades y obligaciones que en el caso particular de Chávez, tienen a los partidos históricos como sujetos protagonistas. Esa asociación discursiva de la crisis como producto histórico de las acciones de los grupos partidistas, ligados a los partidos AD y COPEI, se manifiesta en un conjunto de marcos interpretativos, entendidos como formas culturales de entender la realidad que nos rodea y que nos permite conectarnos con otros, que comparten esos marcos que sirven de estímulo para la movilización y la acción política. Esos marcos le asignan a los partidos, sus relaciones, sus protagonistas una serie de responsabilidades en los procesos de crisis económica y social que experimentamos los venezolanos en las últimas décadas del siglo XX – de manera intensa, manifestada en ciclos de protestas evidentes desde el año 1989- y que nos condujo a una situación constante de conflictividad y explosión social.
Por otra parte, el discurso de Chávez hace uso de referentes históricos, esencialmente ligados al pensamiento Bolivariano, que se ha traducido en la popularización del mismo en los sujetos sociales. Eso ha generado una particular irritación de los grupos sociales dominantes, quienes han construido una visión antropológica del “Padre Bolívar”. Esa visión está relacionado con elementos que nos enseñan que los padres se obedecen y respetan; de forma tal que las elites políticas ligadas a AD y COPEI que se conectaban con el pensamiento de Bolívar debían ser respetadas y obedecidas, al romper con ese simbolismo, se incentiva un discurso insurgente, peligroso e incómodo en el afán de poder – como dominación- de esos grupos; transformando al emisor del discurso – Chávez- y quienes comparten ese marco interpretativos – los colectivos sociales que le apoyan políticamente a través del PSUV- en sujetos rebeldes, irrespetuosos y socialmente estigmatizados de las convenciones sociales construidas desde Universidades, círculos académicos y Academias.
El discurso de Chávez, es sin duda un discurso de contrapoder, pues a pesar del hecho de ejercer el poder político, culturalmente la dominación del discurso invisibilizador, hegemonizado desde los círculos de poder económico, político y cultural; se mantiene. Ese choque constante, o mejor dicho, la evidencia de ese choque entre un discurso que sigue siendo hegemónico en la sociedad venezolana (escuela, iglesias, medios de comunicación, universidades) y otro, articulado desde nuevas relaciones de poder político, que aún no son totalmente preponderantes en un sentido gramsciano, se evidencia con cada nueva alocución del Chávez. Por eso la presencia de un discurso reinterpretativo de la realidad histórica en sus constantes alocuciones y los efectos que esa reinterpretación tiene sobre prácticas de acción política y desenvolvimientos sociales en los ciudadanos. Se asiste incluso a una redefinición de los usos del espacio y de la política, que hace más evidente las contradicciones de la sociedad global y sus formas de explotación. Por eso es que el discurso político de Chávez se hace tan incómodo a los grupos de poder en el contexto latinoamericano.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
21/02/2012
jueves, 15 de marzo de 2012
EL DISCURSO DE CAPRILES O FALSEAR LA REALIDAD
Hemos señalado en otros artículos que el discurso expresa más que verbos, predicados o complementos directos. Se expresa una forma de ver la vida, una visión ideológica de la realidad, donde se interpreta lo vívido desde nuestro campo de expectativas y necesidades. El discurso es un mecanismo esencial para lograr el convencimiento. Eso es un aspecto clave del control hegemónico. No solo se puede lograr la dominación mediante un ejercicio físico coactivo o violento, ese tipo de control es momentáneo e inestable, pues toda acción genera una reacción; por eso debemos “convencer” al otro.
Un pensador extraordinario, Michel Foucault, señalaba que como todos los hombres tenemos capacidad del habla, construimos “mecanismos prohibitivos” que hacen que un discurso sea más eficaz que otro. Esos mecanismos, hacen que un discurso se reproduzca y se amplié en el uso colectivo; son entre otros el autor (el especialista que dice o hace sobre un tópico determinado), la verdad-mentira, la razón-locura. Así, un autor reconocido – y por ello los programas de opinión llevan especialistas- dice “algo”, lo que dice es verdad y está basado en la razón. Quién no es un autor autorizado y especializado, no dice la verdad y sus expresiones son una locura. Esa imagen la vimos en un momento en el proceso histórico venezolano, cuando se intentó estigmatizar a Chávez, pues “estaba loco”, era un maniático egocéntrico. Con ello se procuraba iniciar un proceso parecido al que le ocurrió al ex presidente de Ecuador Ortiz Bucarán, que fue juzgado y expulsado de la presidencia por “actos de locura”.
En el caso del discurso de la oposición, desde el inicio del proceso de las primarias, los candidatos dejaron entrever que el ciudadano-presidente basaba su actuación en actos “irracionales”, que producían la exclusión, que dejaba fuera a la “mayoría de los venezolanos”. Asistimos de esta forma, a una estrategia de ocultamiento, mediante la cual se busca falsear la realidad cotidiana. La verdad, es que “los excluidos” (grupos propietarios, grupos económicos, la elite propietaria) han sido los que históricamente han excluidos a los sectores populares; sólo que ahora, la gestión presidencial ha tenido como sujetos protagonistas las poblaciones más humildes y tradicionalmente excluidos – los trillados estratos D y E- y ese cambio en la agenda política no es tolerado. La transformación -a través del discurso del presidente- de los sectores tradicionalmente excluidos en sujetos protagonistas de la política pública ha sido tomada como un “acto irracional”, que debe ser revertido.
Sin embargo, no se anuncia públicamente, pues esos sectores representan el 81% de la población inscrita en el REP. Como no se puede decir públicamente, se disfraza con un llamado a alcanzar todos los progresos y la felicidad. Es el llamado al “capitalismo popular” de María Corina Machado. Se trata de disfrazar la realidad. Eso viene acompañado con el discurso que quienes impulsan el socialismo, son pobres, ignorantes, salvajes y bárbaros. Hay una formulación del “nosotros” y del “ellos” muy claro. El Nosotros – es decir los militantes de la derecha- son civilizados, educados, proclives al éxito como clave del capitalismo. Los “otros” – los socialistas- son violentos, son hordas, proclives a la violencia irracional.
En ese proceso, debe “rescatarse” un discurso de igualdad, pues este gobierno – esa es la tesis del falseamiento de la realidad- ha generado una división que no existía. Esa afirmación es una mentira histórica. Las divisiones sociales existen históricamente desde finales del siglo XVI. Hemos construido una sociedad donde se privilegia el poseer sobre el ser, sólo que los mecanismos de control social – la escuela, la iglesia, la familia, la televisión, los medios audiovisuales- han “invisibilizado” esas divisiones. El gran éxito de Chávez, ha sido hacer evidente las contradicciones sociales que han estado vigentes en el transcurso de la historia de Venezuela. Por eso el discurso de Capriles Radonski, habla de “un camino”, esa vía es la de readoptar el pensamiento neoconservador, donde la oportunidad de superación no viene por el accionar del individuo, sino a través de la “educación”, pero no una educación dialógica – al estilo propuesto por Paulo Freire- sino una educación repetitiva, dominante, subyugadora.
Capriles además ha utilizado la estrategia de mostrarse como un sujeto humilde, tranquilo, dispuesto al diálogo. Esa estrategia se corresponde con un plan destinado a relegar al olvido su accionar violento en los acontecimientos del 12 y 13 de abril de 2002, cuando penetro en espacios territoriales de Cuba – la embajada en Caracas-, procedió a la detención – sin garantías- de funcionarios de Chávez, en fin, dio al traste con ordenamientos jurídicos de conservación de derechos. Se trata de una estrategia que busca obtener beneficios del “chavismo descontento”, ese chavismo popular maltratado por la derecha endógena enclaustrada en el PSUV, que hace negocios, que trafica con las necesidades y que no comparte el proyecto bolivariano. La estrategia discursiva de Capriles va a buscar mostrar su capacidad física, sobre todo ante la recaída en la salud del presidente, se trata de hacer hincapié en que su salud no da para más y que sin Chávez, no hay proyecto bolivariano, buscando crear miedo e inhibir la movilización popular a favor del PSUV, favoreciendo su proyecto neoconservador. Ese discurso será progresivo y debe generar un debate profundo.
Dr. Juan E. Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
3/03/2012
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domingo, 19 de febrero de 2012
4-F: ALBORADA REVOLUCIONARIA DE DIGNIDAD
4-F: ALBORADA REVOLUCIONARIA DE DIGNIDAD
Hace 19 años, un 4 de febrero de 1992, los venezolanos se despertaron sobresaltados. Un acontecimiento escasamente pensado para aquellos acostumbrados a la estabilidad y gobernabilidad democrática estaba sucediendo: un intento de golpe de Estado. Desde mediados de la década de los años 60, con las fracasadas intentonas de Carúpano, Puerto Cabello y La Guaira, no se había sabido de un proceso equiparable a lo que sucedía. Para la mayoría de los venezolanos, sumidos en la institucionalidad cultural de la aceptación sumisa del status quo, no era posible entender lo que sucedió. Sin embargo, había que ver en la dinámica social, económica y política para comprender lo ahí experimentado.
La sociedad venezolana, cuya dependencia del petróleo es una tradición histórica desde principios del siglo XX, había sentido desde finales de la década de los 70 los efectos de la denominada “enfermedad holandesa”, que no es más que la recurrencia a un progresivo endeudamiento externo e interno destinado a cubrir el gasto público exorbitante, destinado esencialmente no a disminuir la pobreza sino a paliarla, sin soluciones estructurales de fondo. La caída de los precios de exportación del petróleo a partir de 1982, redujo la capacidad del Estado para mantener los subsidios y programas sociales, obligando a las instituciones y organismos iniciar un proceso de “entendimiento” con organismos financieros internacionales: Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional entre otros. Esa relación estuvo basada en la adhesión a un conjunto de recomendaciones que condujeron a la reducción del estado, mediante políticas privatizadoras, la eliminación de subsidios, la congelación de programas sociales cuyos efectos inmediatos fueron el incremento de la pobreza, inflación y desempleo.
Estas acciones derivaron en una crisis de expectativas que se elevó con el triunfo de Carlos Andrés Pérez en las elecciones presidenciales de 1988. CAP llego al poder con la promesa de la ilusión del retorno a la Venezuela Saudita de ingresos petroleros extraordinarios y un gasto público elevado, sin embargo el despertar de la realidad se produjo pocos días luego de haber asumido el cargo, cuando anunció – en articulación con el Fondo Monetario Internacional- una serie de medidas de ajuste económico que produjo una explosión social, que fue salvajemente reprimida con un saldos de muertos aún no establecidos entre el 27 y 29 de febrero de 1989.
La represión militar, el papel de subordinación de las fuerzas armadas como brazo armado y limitante de la protesta, aunado a la crisis estructural del sistema democrático, así como los fallidos intentos de reforma constitucional adelantados por el Congreso, a través de la coordinación del expresidente Rafael Caldera, mostraron la imposibilidad de salidas institucionales y bajo los canales democráticos para la crisis de gobernabilidad de la democracia venezolana. ¿Cómo entender que un grupo de militares jóvenes se atrevieran a intentar derrocar un gobierno democrático? Habría que analizar el planteamiento que la izquierda histórica había hecho en la década de los 60 acerca de la necesidad de penetrar la estructura militar con el objeto de implosionar internamente el sistema político, tal como lo planteaban Douglas Bravo y Elías Manuit en documento fechado en 1964, estableciendo alianzas con otros sectores en una coyuntura de crisis. Esa tesis se concretaría gracias a los efectos del Plan Andrés Bello, implementado en la pensa de la carrera militar y que permitió el acercamiento del estamento – protector coactivo del sistema- hacia otras realidades sociales y económicas, a través de una formación académica más amplia.
Los militares que insurgieron el 4-F eran la encarnación de esa apertura y crisis de expectativas de los venezolanos. Planteaban una salida de fuerza que inmediatamente debió ser acompañada por un conjunto de decretos que abordaban temas como manejo de los recursos del petróleo, seguridad alimentaria, reducción de la dependencia económica, política internacional no alineada exclusivamente a los EEUU, entre otros aspectos. En un país donde lo característico era que nadie asumiera sus responsabilidades, el Comandante Hugo Chávez asumía la responsabilidad de la incursión militar ante un país atónito ante lo sucedido.
La debilidad institucional, más bien la fragilidad política de los actores históricos (partidos, fuerzas armadas, grupos económicos) quedó evidenciada y con ello se resquebrajo un cuadro de entendimiento corporativo que prevaleció desde la firma del Pacto de Nueva York (1957) y ratificado por el Pacto de Punto de Fijo (1958) entre los partidos AD (socialdemócrata), COPEI (socialcristiano) y URD (centro).La campanada de dignidad y rebeldía de ese conjunto de Comandantes, mayores, capitanes y tenientes (COMACATES) fue ganando espacios y avanzaron hacia el éxito político que no tuvo el golpe de Estado. Desde el punto de vista de los objetivos la intentona fracasó, pues no tomó el poder pero triunfó en el proceso de larga duración, dando inició a una dinámica que aún hoy experimentamos los venezolanos.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
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02/02/2011
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jueves, 6 de mayo de 2010
DESPUÉS DE LAS PRIMARIOS: PERSPECTIVA DE LO POLÍTICO PARA LAS ELECCIONES DE SEPTIEMBRE 2010
DESPUÉS DE LAS PRIMARIAS: RETOS POLÍTICOS
Ya se completo el ciclo: la Mesa de la Unidad Democrática (MUD??) y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) procedieron a elegir a sus candidatos. Aunque hablar de elecciones significaría equiparar las consultas, y sin lugar a dudas hay diferencias importantes.
En 1er lugar, hay una distancia por el tema de la concurrencia. Mientras que la elección de la MUD fue parcial, no sólo en el número sino en los espacios,; la del PSUV fue total: en cada uno de los 87 circuitos que conforman las circunscripciones electorales.
En 2do lugar, hay una diferencia en la forma de entender la democracia que quedo manifestado en las formas de concurrencia y resolución electoral. Para la MUD la lógica democrática preponderante, está asociada a lo que se denomina la teoría elitista de la participación. En esta interpretación la participación es democrática pero sólo entre los pocos que reúnan un conjunto de condiciones, entre las que resaltan la virtud que se asume como conocimiento entre iguales. Dicho así, es democrática la “elección” de la MUD pues se dio entre iguales: los miembros de los partidos que formaban la mesa. En respuesta contraria, el PSUV generó una consulta que se concretó en una cifra: más de 3500 pre-candidatos sometidos a la voluntad popular. Esos candidatos fueron penetrados, escrutados y analizados por las percepciones que los militantes tenían sobre ellos, para permitirles o no la representación.
En 3er y último término, hay una diferencia muy marcada en cuanto al tema de la transparencia electoral. El PSUV hizo público el total de concurrentes y las actas, así como las cifras; en cambio la MUD se reservo esa información. Subyace en este comportamiento otra muestra contundente del temor a la participación mayoritaria sin duda alguna. Ahora bien luego de las concluidas las primarias y más allá de estas diferencias vienen un conjunto de retos que deben ser asumidos.
Para el PSUV, se trata de ponderar el accionar de aquellos candidatos que como Calixto Ortega, María de Queipo, Rafik Souki, por sólo nombrar a diputados zulianos, tuvieron unos niveles de compromiso y responsabilidad política muy importante en el lapso 1998-2010. Creo que no puede ser puesto en duda el compromiso que asumieron, la demostrada capacidad política manifestada, pero a pesar de ello; las bases enviaron un mensaje claro: quieren mantener un contacto más directo con sus representantes y ello con la finalidad de profundizar en la construcción de la idea de democracia y su sombra siempre fiel: la participación. El PSUV y sus responsables políticos deben evaluar este mensaje que fue remitido en forma de la voluntad general por sus militantes. Es un mensaje acerca del propio futuro del proceso revolucionario y las oportunidades de profundización del protagonismo popular en lo que resta del siglo XXI.
Por su parte la MUD, tiene el reto de ver como construye un discurso que hable de democracia cuando más del 80% de los candidatos que presentan, no fueron fruto de una elección verdaderamente democrática. El reto de criticar a Chávez, sobre la base de un supuesto – o real- autoritarismo, se ve seriamente comprometido ante la dinámica mediante la cual “eligieron” a sus líderes. Este aspecto es más preocupante, sí se considera las apreciaciones que tanto Luís Vicente león – Datanalisis- como Alfredo Keller han hecho sobre las expectativas de los electores que se definen como antichavistas. Ambos coinciden que ese sector pide a gritos una propuesta alternativa y eso precisamente, es de lo que más carecen en estos momentos. Sí la MUD no logra articular una propuesta alternativa a Chávez, más allá de la simple asignación de culpas, estaríamos asistiendo a una situación en donde el PSUV aseguraría de nuevo la mayoría.
Esto que decimos no debe generar exceso de confianza en la dirigencia del PSUV, ellos tienen el reto de generar un debate acerca del tipo de socialismo que impulsan estos candidatos. Creo que debe pasarse en el seno del partido, del maniqueísmo del uso del rojo para demostrar el carácter revolucionario, a un verdadero debate de ideas sobre cómo impulsar y entender el socialismo del siglo XXI, que aun no existe y debe ser construido sí se quiere mantener los espacios que se han conquistado. De lo que hablamos es una dinámica que conduce finalmente a pensar la vida democrática en las zonas que menos han sido debatida: en los espacios internos de las organizaciones partidistas. Sí vemos los procesos de los dos (2) últimos domingos, notamos una misma expresión: antichavistas y chavistas coinciden en que es importante el espacio de opinión a lo interno de las estructuras de participación ciudadana. Es decir, ambos coinciden – por encima de sus diferencias de apreciación ideológica- que la consulta entre los militantes es el mejor vehículo para dilucidar la forma de conducir la política en el hoy.
Construir la democracia a partir de estos procesos internos, tendrá su impacto en la propia vida social del venezolano. Ambas fuerzas se debaten en el campo de lo propositivo: el PSUV en sugerir un modelo socialista y la MUD, en sugerir una alternativa al agotamiento de la democracia representativa. Como sea, ambas actitudes es una ganancia y un avance para la vida política y para la representación de la democracia.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
05/05/2010
Ya se completo el ciclo: la Mesa de la Unidad Democrática (MUD??) y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) procedieron a elegir a sus candidatos. Aunque hablar de elecciones significaría equiparar las consultas, y sin lugar a dudas hay diferencias importantes.
En 1er lugar, hay una distancia por el tema de la concurrencia. Mientras que la elección de la MUD fue parcial, no sólo en el número sino en los espacios,; la del PSUV fue total: en cada uno de los 87 circuitos que conforman las circunscripciones electorales.
En 2do lugar, hay una diferencia en la forma de entender la democracia que quedo manifestado en las formas de concurrencia y resolución electoral. Para la MUD la lógica democrática preponderante, está asociada a lo que se denomina la teoría elitista de la participación. En esta interpretación la participación es democrática pero sólo entre los pocos que reúnan un conjunto de condiciones, entre las que resaltan la virtud que se asume como conocimiento entre iguales. Dicho así, es democrática la “elección” de la MUD pues se dio entre iguales: los miembros de los partidos que formaban la mesa. En respuesta contraria, el PSUV generó una consulta que se concretó en una cifra: más de 3500 pre-candidatos sometidos a la voluntad popular. Esos candidatos fueron penetrados, escrutados y analizados por las percepciones que los militantes tenían sobre ellos, para permitirles o no la representación.
En 3er y último término, hay una diferencia muy marcada en cuanto al tema de la transparencia electoral. El PSUV hizo público el total de concurrentes y las actas, así como las cifras; en cambio la MUD se reservo esa información. Subyace en este comportamiento otra muestra contundente del temor a la participación mayoritaria sin duda alguna. Ahora bien luego de las concluidas las primarias y más allá de estas diferencias vienen un conjunto de retos que deben ser asumidos.
Para el PSUV, se trata de ponderar el accionar de aquellos candidatos que como Calixto Ortega, María de Queipo, Rafik Souki, por sólo nombrar a diputados zulianos, tuvieron unos niveles de compromiso y responsabilidad política muy importante en el lapso 1998-2010. Creo que no puede ser puesto en duda el compromiso que asumieron, la demostrada capacidad política manifestada, pero a pesar de ello; las bases enviaron un mensaje claro: quieren mantener un contacto más directo con sus representantes y ello con la finalidad de profundizar en la construcción de la idea de democracia y su sombra siempre fiel: la participación. El PSUV y sus responsables políticos deben evaluar este mensaje que fue remitido en forma de la voluntad general por sus militantes. Es un mensaje acerca del propio futuro del proceso revolucionario y las oportunidades de profundización del protagonismo popular en lo que resta del siglo XXI.
Por su parte la MUD, tiene el reto de ver como construye un discurso que hable de democracia cuando más del 80% de los candidatos que presentan, no fueron fruto de una elección verdaderamente democrática. El reto de criticar a Chávez, sobre la base de un supuesto – o real- autoritarismo, se ve seriamente comprometido ante la dinámica mediante la cual “eligieron” a sus líderes. Este aspecto es más preocupante, sí se considera las apreciaciones que tanto Luís Vicente león – Datanalisis- como Alfredo Keller han hecho sobre las expectativas de los electores que se definen como antichavistas. Ambos coinciden que ese sector pide a gritos una propuesta alternativa y eso precisamente, es de lo que más carecen en estos momentos. Sí la MUD no logra articular una propuesta alternativa a Chávez, más allá de la simple asignación de culpas, estaríamos asistiendo a una situación en donde el PSUV aseguraría de nuevo la mayoría.
Esto que decimos no debe generar exceso de confianza en la dirigencia del PSUV, ellos tienen el reto de generar un debate acerca del tipo de socialismo que impulsan estos candidatos. Creo que debe pasarse en el seno del partido, del maniqueísmo del uso del rojo para demostrar el carácter revolucionario, a un verdadero debate de ideas sobre cómo impulsar y entender el socialismo del siglo XXI, que aun no existe y debe ser construido sí se quiere mantener los espacios que se han conquistado. De lo que hablamos es una dinámica que conduce finalmente a pensar la vida democrática en las zonas que menos han sido debatida: en los espacios internos de las organizaciones partidistas. Sí vemos los procesos de los dos (2) últimos domingos, notamos una misma expresión: antichavistas y chavistas coinciden en que es importante el espacio de opinión a lo interno de las estructuras de participación ciudadana. Es decir, ambos coinciden – por encima de sus diferencias de apreciación ideológica- que la consulta entre los militantes es el mejor vehículo para dilucidar la forma de conducir la política en el hoy.
Construir la democracia a partir de estos procesos internos, tendrá su impacto en la propia vida social del venezolano. Ambas fuerzas se debaten en el campo de lo propositivo: el PSUV en sugerir un modelo socialista y la MUD, en sugerir una alternativa al agotamiento de la democracia representativa. Como sea, ambas actitudes es una ganancia y un avance para la vida política y para la representación de la democracia.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
05/05/2010
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El 19 de abril y el proceso venezolano actual
EL 19 DE ABRIL Y EL PROCESO VENEZOLANO ACTUAL
El tema del Bicentenario ha desatado los demonios historiográficos contenidos durante muchos años. Desde los inicios de la Academia Nacional de la Historia en los años finales del siglo XIX, en torno al 19 de abril de 1810 se tejieron un conjunto de interpretaciones que en la actualidad, estamos poniendo en duda los historiadores que conformamos esa generación intermedia, formada por los que fueron grandes maestros, tales como Manuel Caballero, Germán Carrera Damas, Elías Pino Iturrieta, entre otros insignes intelectuales, pero de cuyas interpretaciones hemos tomado distancia respetuosa.
Todos ellos coinciden en avalar la construcción de la historia que sobre esos acontecimientos ha surgido como dominante y que en grandes rasgos podemos caracterizar: 1) los sucesos de 1810 no son un proceso revolucionario, pues no modifican en nada el orden socio-político; 2) el protagonismo de esos procesos recae sustancialmente en los blancos criollos y 3) no hay una participación popular propia, y sí la hay es producto de la influencia de los acontecimientos en Europa.
Todas estas características se conjugan para estructurar un discurso de la dominación. Es la lógica de una semántica que desde siempre se ha expresado en la historia del mundo: la semántica de la dominación versus la semántica de la resistencia. Cuando se dice que el 19 de abril no había pueblo, se dice que ese pueblo no participa pues no es capaz de entender el significado del momento histórico. Subyace en el planteamiento la base justificativa de la dominación y la exclusión social. El pueblo, en su ignorancia, no es proclive a asumir actitudes esclarecedoras en lo que respecta a su destino histórico; y como lógica continuación a esta dialéctica de la dominación, el pueblo sólo puede ser conducido por un líder preclaro. El fin es siempre el mismo: asegurar la obediencia debida y la sumisión. Por eso cuando desde el Centro Nacional de la Historia (CNH), la Comisión Nacional del Bicentenario (CNB) y el Archivo General de la Nación (AGN) se dice que debemos avanzar en una resemantización de la historia la respuesta de la Academia Nacional de la Historia (ANH) es contundente: ¡¡hay peligro para el futuro de Venezuela¡¡. Estamos de acuerdo con la ANH, hay peligro: el peligro que socialicemos el sentido histórico de los pueblos. El peligro que se asuma la historia más allá de la fechalización y la emeritización del acontecimiento, o lo que es lo mismo, el peligro que les hagamos entender a nuestros estudiantes de historia, que no todo es héroes, batallas y memorística. Que la historia tiene una relación con el hoy, a través del compromiso de la comprensión y el entendimiento.
La historia que se impulsa, es una historia que hace visibles a los sujetos subalternos, desaparecidos, que no están presentes en los manuales y en los discursos oficiales de la ANH y menos aun, de las investigaciones librescas de los académicos universitarios. Por eso el proceso de análisis que se plantea acerca de los sucesos del 19 de abril de 1810 genera tanta resistencia por parte de los sectores más conservadores de la historiografía venezolana.
Se preguntará el lector: ¿qué caracteriza esta interpretación que sobre el 19 de abril se genera en el CNH y el AGN? La respuesta es múltiple. Se asume el 19 de abril como un proceso de continuidad desde la categoría de resistencia, que se entiende como una dinámica de rebeldía y sublevación, con expresiones o acciones más o menos contundentes en un determinado momento histórico, pero que mantienen su carácter de oposición a la dominación. En esta clave, los sucesos de abril de 1810, son vistos como una dinámica que obedece a un proceso en la larga duración, de resistencia a la dominación europocéntrica que se genera en Nuestra América desde el siglo XV y que continua hoy en día, con las resistencias anticapitalistas que se expresan en la lucha de los movimientos sociales en torno a la defensa de la Pacha mamá.
La interpretación que se construye hoy, insiste en el rescate de las memorias por el valor histórico y cultural que implican. Hablar de memoria, es hablar de identidad, es hablar de sentido de pertenencia, es hablar de conciencia y es hablar de soberanía, más allá de un concepto político restringido a un espacio limitado. Hoy, los sucesos de abril de 1810 se conectan con el presente vivido en tanto ambos son manifestaciones de resistencias a la dominación. Manifiestan ambos momentos la confrontación entre la dialéctica del opresor versus la dialéctica del oprimido. Y en ese debate discursivo, los oprimidos exigen ser visibilizados a través de la participación que han tenido y para ello, la recuperación de las memorias de la resistencia es vital. Por eso, el sacar los Archivos de Francisco de Miranda y Simón Bolívar de la ANH, para ser llevados, cuidados, digitalizados y compartidos a través del trabajo de los amigos del AGN es tan importante. Hay todo un entramado simbólico detrás de la recuperación de esos archivos. Se trata de la recuperación misma del carácter colectivo y democrático de la memoria histórica, que ha sido secuestrada por los expertos historiadores, quienes son los únicos en conocerlos, manejarlos y entenderlos.
Se asume, que el 19 de abril de 1810 tiene un carácter doble, en su significado de lucha: es anti-imperialista y anti-capitalista. Esas dos (2) condiciones están presentes en el accionar del subcontinente hoy, y por lo tanto, hablamos de una conexión entre ese ayer de héroes – divinizados para alejarlos de la interpretación social colectiva- y el proceso de resistencia y rebelión que se concreta en la articulación de los anhelos de soberanía plena que subyacen en los discursos de Evo Morales, Rafael Correa, Lula, Hugo Chávez y los colectivos sociales que le dan sentido y sostenibilidad a las propuestas de liberación. De nuevo, asistimos a una manifestación objetiva de la lucha entre el discurso de la dominación contra el discurso de la liberación, y siguiendo a los teólogos de la liberación, para liberar al oprimido hay que liberar también al opresor. Liberarlo, significa exaltar su condición humana. Sí existe una cuestión que debe ser globalizada, ella es la humanidad, sólo la globalización de la humanidad, de la ciudadanía nos asegura nuestra supervivencia en todo este siglo XXI y más allá.
Se asume, que el 19 de abril, marca la manifestación de una lucha que tiene conexión con el ayer y con el hoy, visto desde la óptica de una deuda en torno a la construcción y definición en el SER y el HACER. Ser y hacer en la condición humana, en el equilibrio con nuestro universo. SER y HACER en la integración de saberes, en la solidaridad. La Revolución hoy, tiene un nuevo significado; que completa y expande las representaciones que se hicieron en el ayer sobre la revolución. Estas revoluciones de hoy, no son ya restringidas a libertades políticas o económicas, tales como lo impulso la lógica liberal en el siglo XIX. Las revoluciones del siglo XXI tienen un carácter más profundo, más humana, pues se tejen sobre el anhelo de profundizar en el encuentro de nuestra humanidad, que tan alienada está en este desbordante mundo de consumo.
El 19 de abril de 1810, tiene sentido en el hoy a través de ese compromiso que pasa por la socialización y democratización de la historia, que tan peligrosa resulta para los intereses que representa la ANH.
Dr. Juan Eduardo Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com
05/05/2010
El tema del Bicentenario ha desatado los demonios historiográficos contenidos durante muchos años. Desde los inicios de la Academia Nacional de la Historia en los años finales del siglo XIX, en torno al 19 de abril de 1810 se tejieron un conjunto de interpretaciones que en la actualidad, estamos poniendo en duda los historiadores que conformamos esa generación intermedia, formada por los que fueron grandes maestros, tales como Manuel Caballero, Germán Carrera Damas, Elías Pino Iturrieta, entre otros insignes intelectuales, pero de cuyas interpretaciones hemos tomado distancia respetuosa.
Todos ellos coinciden en avalar la construcción de la historia que sobre esos acontecimientos ha surgido como dominante y que en grandes rasgos podemos caracterizar: 1) los sucesos de 1810 no son un proceso revolucionario, pues no modifican en nada el orden socio-político; 2) el protagonismo de esos procesos recae sustancialmente en los blancos criollos y 3) no hay una participación popular propia, y sí la hay es producto de la influencia de los acontecimientos en Europa.
Todas estas características se conjugan para estructurar un discurso de la dominación. Es la lógica de una semántica que desde siempre se ha expresado en la historia del mundo: la semántica de la dominación versus la semántica de la resistencia. Cuando se dice que el 19 de abril no había pueblo, se dice que ese pueblo no participa pues no es capaz de entender el significado del momento histórico. Subyace en el planteamiento la base justificativa de la dominación y la exclusión social. El pueblo, en su ignorancia, no es proclive a asumir actitudes esclarecedoras en lo que respecta a su destino histórico; y como lógica continuación a esta dialéctica de la dominación, el pueblo sólo puede ser conducido por un líder preclaro. El fin es siempre el mismo: asegurar la obediencia debida y la sumisión. Por eso cuando desde el Centro Nacional de la Historia (CNH), la Comisión Nacional del Bicentenario (CNB) y el Archivo General de la Nación (AGN) se dice que debemos avanzar en una resemantización de la historia la respuesta de la Academia Nacional de la Historia (ANH) es contundente: ¡¡hay peligro para el futuro de Venezuela¡¡. Estamos de acuerdo con la ANH, hay peligro: el peligro que socialicemos el sentido histórico de los pueblos. El peligro que se asuma la historia más allá de la fechalización y la emeritización del acontecimiento, o lo que es lo mismo, el peligro que les hagamos entender a nuestros estudiantes de historia, que no todo es héroes, batallas y memorística. Que la historia tiene una relación con el hoy, a través del compromiso de la comprensión y el entendimiento.
La historia que se impulsa, es una historia que hace visibles a los sujetos subalternos, desaparecidos, que no están presentes en los manuales y en los discursos oficiales de la ANH y menos aun, de las investigaciones librescas de los académicos universitarios. Por eso el proceso de análisis que se plantea acerca de los sucesos del 19 de abril de 1810 genera tanta resistencia por parte de los sectores más conservadores de la historiografía venezolana.
Se preguntará el lector: ¿qué caracteriza esta interpretación que sobre el 19 de abril se genera en el CNH y el AGN? La respuesta es múltiple. Se asume el 19 de abril como un proceso de continuidad desde la categoría de resistencia, que se entiende como una dinámica de rebeldía y sublevación, con expresiones o acciones más o menos contundentes en un determinado momento histórico, pero que mantienen su carácter de oposición a la dominación. En esta clave, los sucesos de abril de 1810, son vistos como una dinámica que obedece a un proceso en la larga duración, de resistencia a la dominación europocéntrica que se genera en Nuestra América desde el siglo XV y que continua hoy en día, con las resistencias anticapitalistas que se expresan en la lucha de los movimientos sociales en torno a la defensa de la Pacha mamá.
La interpretación que se construye hoy, insiste en el rescate de las memorias por el valor histórico y cultural que implican. Hablar de memoria, es hablar de identidad, es hablar de sentido de pertenencia, es hablar de conciencia y es hablar de soberanía, más allá de un concepto político restringido a un espacio limitado. Hoy, los sucesos de abril de 1810 se conectan con el presente vivido en tanto ambos son manifestaciones de resistencias a la dominación. Manifiestan ambos momentos la confrontación entre la dialéctica del opresor versus la dialéctica del oprimido. Y en ese debate discursivo, los oprimidos exigen ser visibilizados a través de la participación que han tenido y para ello, la recuperación de las memorias de la resistencia es vital. Por eso, el sacar los Archivos de Francisco de Miranda y Simón Bolívar de la ANH, para ser llevados, cuidados, digitalizados y compartidos a través del trabajo de los amigos del AGN es tan importante. Hay todo un entramado simbólico detrás de la recuperación de esos archivos. Se trata de la recuperación misma del carácter colectivo y democrático de la memoria histórica, que ha sido secuestrada por los expertos historiadores, quienes son los únicos en conocerlos, manejarlos y entenderlos.
Se asume, que el 19 de abril de 1810 tiene un carácter doble, en su significado de lucha: es anti-imperialista y anti-capitalista. Esas dos (2) condiciones están presentes en el accionar del subcontinente hoy, y por lo tanto, hablamos de una conexión entre ese ayer de héroes – divinizados para alejarlos de la interpretación social colectiva- y el proceso de resistencia y rebelión que se concreta en la articulación de los anhelos de soberanía plena que subyacen en los discursos de Evo Morales, Rafael Correa, Lula, Hugo Chávez y los colectivos sociales que le dan sentido y sostenibilidad a las propuestas de liberación. De nuevo, asistimos a una manifestación objetiva de la lucha entre el discurso de la dominación contra el discurso de la liberación, y siguiendo a los teólogos de la liberación, para liberar al oprimido hay que liberar también al opresor. Liberarlo, significa exaltar su condición humana. Sí existe una cuestión que debe ser globalizada, ella es la humanidad, sólo la globalización de la humanidad, de la ciudadanía nos asegura nuestra supervivencia en todo este siglo XXI y más allá.
Se asume, que el 19 de abril, marca la manifestación de una lucha que tiene conexión con el ayer y con el hoy, visto desde la óptica de una deuda en torno a la construcción y definición en el SER y el HACER. Ser y hacer en la condición humana, en el equilibrio con nuestro universo. SER y HACER en la integración de saberes, en la solidaridad. La Revolución hoy, tiene un nuevo significado; que completa y expande las representaciones que se hicieron en el ayer sobre la revolución. Estas revoluciones de hoy, no son ya restringidas a libertades políticas o económicas, tales como lo impulso la lógica liberal en el siglo XIX. Las revoluciones del siglo XXI tienen un carácter más profundo, más humana, pues se tejen sobre el anhelo de profundizar en el encuentro de nuestra humanidad, que tan alienada está en este desbordante mundo de consumo.
El 19 de abril de 1810, tiene sentido en el hoy a través de ese compromiso que pasa por la socialización y democratización de la historia, que tan peligrosa resulta para los intereses que representa la ANH.
Dr. Juan Eduardo Romero
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DR. JUAN EDUARDO ROMERO (VENEZUELA)
Historiador, especialista en procesos políticos contemporáneos de América Latina. Docente e Investigador de la Universidad del Zulia en Venezuela. Profesor invitado en España, Francia, Italia, Colombia, Brasil, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Cuba, México, Costa Rica. Investigador Nivel II del Programa de Promoción al Investigador (PPI) del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Venezuela. Teléfonos (58) 261 7596253 (telfax oficina). (58) 4126543075 ( móvil). Correo electrónico: juane1208@gmail.com
Historiador, especialista en procesos políticos contemporáneos de América Latina. Docente e Investigador de la Universidad del Zulia en Venezuela. Profesor invitado en España, Francia, Italia, Colombia, Brasil, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Cuba, México, Costa Rica. Investigador Nivel II del Programa de Promoción al Investigador (PPI) del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Venezuela. Teléfonos (58) 261 7596253 (telfax oficina). (58) 4126543075 ( móvil). Correo electrónico: juane1208@gmail.com
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Datos personales
- Historiador
- Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela
- Doctor en Historia Social y Política Contemporánea. Profesor de la Universidad del Zulia, Venezuela. Especialista en Historia Contemporánea de América Latina. DEA en Gerencia Política y Gobernabilidad. Autor de más de 35 artículos sobre procesos políticos. Co-autor de seis Textos sobre Proceso Socio-político en Venezuela. Teléfono Telfax (58) 261 7596253, móvil (58)4126543075. E-mail: juane1208@gmail.com
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