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lunes, 1 de diciembre de 2008

HIPÓTESIS ACERCA DEL COMPORTAMIENTO ELECTORAL EN EL ZULIA

HIPÓTESIS ACERCA DEL COMPORTAMIENTO ELECTORAL EN EL ZULIA

El recientemente finalizado proceso comicial en Venezuela, adquiere unas particulares expresiones en el estado Zulia. El hecho mismo que nuestro estado represente más del 15% de la población inscrita en el registro electoral permanente (REP), aunado a la especial configuración geopolítica de la zona, por la presencia del elemento petróleo, las características de un espacio fronterizo y la vecindad con Colombia, donde se adelanta un agresivo plan contra la gobernabilidad de la región; son sólo algunos factores que hicieron centrar la atención en nuestra localidad.
Como si esa circunstancia no fuese suficiente, nos encontramos con la realidad que el Zulia es el asiento de la principal fuerza de oposición política a la gestión y acción de gobierno del presidente Hugo Chávez. Desde antes del año 2006, cuando el gobernador Manuel Rosales decidió lanzarse a la candidatura presidencial, el Zulia se había convertido en foco de perturbación para la pretendida hegemonía – en el sentido gramsciano del término- procurada por el extinto MVR. La gestión de Rosales, sin ser eficaz ni efectiva ha logrado adentrarse en la identidad cultural del zuliano, haciendo uso de la manipulación histórica. Tal como sucedió con Venancio Pulgar, en la 2da mitad del siglo XIX, Manuel Rosales ha mezclado identidad, historia, religiosidad y política. Ambos personajes – Rosales y Pulgar- han logrado que el ciudadano común, el hombre de pueblo se identifique con ellos, en parte esa construcción es una responsabilidad del escaso perfil revolucionario de las fuerzas del MVR – y del PSUV- en la región. Las constantes pugnacidades, las disidencias y resquemores entre los factores políticos cercanos al presidente Chávez, son una de las causas de ese comportamiento dispar. Ninguna organización puede lograr imponerse si no llega a tener coherencia interna, es lo que denominamos simetría bimodal.
En el caso del partido MVR (posteriormente PSUV) se mantiene una división y carencia organizativa que se reflejo en el hecho que los responsables de la direccionalidad de la campaña fueron incapaces de desmontar la matriz, inteligentemente construida por el comando de campaña de Manuel Rosales, que cuando se atacaba a este se atacaba al Zulia. La idea que Rosales representa el sentido autónomo del Zulia, ha sido constantemente trabajada por el equipo político del recientemente elegido alcalde de Maracaibo, y desde el MVR – primero- y el PSUV- después- se ha hecho muy poco para terminar con esa construcción. Habíamos advertido de esta debilidad en artículos publicados en la prensa regional – Diario Panorama- pero siempre hubo una actitud displicente por parte del comando de campaña y nunca fueron asumidas acciones para desmontar ese discurso.
El resultado fue evidente. El candidato Di Martino, que contaba con ciertas resistencias por parte de varios sectores dentro de los colectivos sociales cercanos al presidente en la región, no termino de “calar” en las preferencias del electorado zuliano. Sin embargo, no todo es culpa del comando de campaña, ni del candidato. Hay una responsabilidad de parte de quienes levantaron la estructura del PSUV en el Zulia. ¿Cómo entender el hecho que Lina Ron y Arias Cárdenas anunciaran que el PSUV tenía 850.000 militantes inscritos en el Zulia? ¿Dónde están esos votos?. Sí se saca una suma simple, se darán cuenta que el PSUV sólo alcanzó – individualmente- 583.000 votos. ¡Qué se hicieron los restantes casi 300.000 militantes? ¿Será que acaso Lina Ron y Arias manipularon el registro en función de apetencias personales? Sí efectivamente son militantes, con ese total se pudo ganar la gobernación, pero la realidad parece indicar que esas cifras no corresponden con militantes activos del PSUV. Cómo sea, las consecuencias de sus acciones no han sido evaluadas y deberían serlo, pues sin lugar a dudas tienen una 1era responsabilidad, que sí son – como dicen serlo- revolucionarios, deberían asumir.
Por otro lado, no debe dejar de tomarse en cuenta el hecho que el discurso político de Di Martino acerca de la gestión y las obras del gobierno en la región, estuvo ausente. Después de la presentación del programa de gobierno, desapareció la mención de las principales líneas de acción del gobierno nacional. Nunca se mostró la gestión pública, no se hablo del efecto de las misiones. De hecho esa ausencia de explicaciones nos permite comprender por qué Chávez tuvo que asumir el protagonismo de la campaña política en el Zulia, con el riesgo que eso significaba para su liderazgo político. Di Martino no marchó articulado con los candidatos a alcalde de los distintos municipios del estado Zulia. Eso demuestra el hecho de las votaciones en los municipios cuando comparamos el voto para alcalde y gobernador por el PSUV. Algunos ejemplos son contundentes. En el Zulia, de los 19 municipios a elegir alcaldes, en 15 de ellos el candidato a autoridad municipal sacó más votos que el candidato a gobernador. Eso contradice la lógica política que señala que el cargo de más importancia arrastra la intención de votos del electorado. Para muestra algunos datos:
• En Padilla, el candidato a alcalde obtuvo 3.878 votos, Di Martino 3.830
• En Baralt, el candidato a alcalde obtuvo 17.517 votos, Di Martino 17.415
• En Cabimas 60.785 vs 60.317
• En Francisco Javier Pulgar 6.414 vs 6.359
• En Jesús María Semprún 6.758 vs 6.160
• En el municipio Lagunillas, 35.114 vs 33.036
• En Machiques, 22758 vs 22.394
• En el municipio Mara, el alcalde obtuvo 42.082 y Di Martino 39.936
• En Santa Rita, 12.513 vs 11.799
• En Sucre 9.796 vs 9.746
• En Valmore Rodríguez 11.270 vs 11.101
• En Maracaibo – donde Di Martino fue alcalde durante 8 años- 222.419 vs 219.246.
• En Páez, 16.321 vs 15.248
• En Rosario de Perijá, 17.101 vs 17.237
• En San Francisco, 74.917 vs 74.149.

¿Cómo entender está votación? Inicialmente es fácil pensar en una traición de los candidatos a alcalde y en una confabulación de ellos contra el candidato a gobernador, sin embargo es ilógico pensar en una articulación de todos ellos en función de causar un perjuicio al candidato del PSUV; más bien pareciera estar ligada a la calidad misma del perfil social de Di Martino, pero sobre todo al hecho que su discurso no llego al colectivo organizado del PSUV. El silencio que mantuvo durante la campaña, evitó que el electorado militante del PSUV se identificara y atendiera el llamado que el propio presidente hizo para apoyar a Di Martino. Cualquier observador externo diría que el liderazgo de Chávez perdió fuerza, creo sin lugar a dudas que no se trata de ello. Se trata que los colectivos ejercieran el voto castigo hacia aquellos candidatos que no percibieron comprometidos con los lineamientos y planteamientos de Chávez; pero adicionalmente en el Zulia estuvo la incapacidad del comando de campaña y del propio candidato para movilizar a sectores de la clase media en apoyo a la candidatura de Di Martino. No hay duda que esta elección fue una muestra del efecto del voto de clase: en los sectores populares – o por lo menos en la mayoría de ellos- el PSUV obtuvo mayoría. Sin embargo, en el caso del municipio Maracaibo sectores populares como la parroquia Raúl Leoni – que había sido ganada por Di Martino en el 2004- o Carraciolo Parra Pérez se perdieron, mientras que los demás municipios que conforman el llamado “Maracaibo oeste”, el PSUV obtuvo mayoría (Francisco Eugenio Bustamante, San Isidro entre otros).
Asimismo hay que decir que parroquias populosas como Chiquinquira, Bolívar en pleno corazón de la ciudad puerto de Maracaibo, el chavismo resulto derrotado. Ello demuestra cierta penetración de la estructura organizativa de Un Nuevo Tiempo, aunada a una carencia total de conciencia ideológica de sectores organizados en esa zona; pero como sea no se debe negar que actuaron mejor que la estructura del PSUV y que el partido debe generar un plan de acción para atender esos espacios y recuperar poder, sobre la base de las organizaciones sociales.
Hay además que hacer el balance político- partidista en el Zulia. A pesar de estas críticas – que señalamos con toda responsabilidad, y estamos seguros que saldrá más de uno acusándonos de cualquier cosa- el comportamiento general del PSUV mejoró significativamente en el estado. El extinto MVR, en las pasadas elecciones del 2004 obtuvo un total de 210.479 votos. El 23-N, el PSUV paso a obtener – él sólo- 577.356 votos, es decir experimentó una ganancia neta de 366.877 votos, lo que porcentualmente se traduce en una ganancia del 183%. Comparado con UNT, que sigue siendo la 1era fuerza política del Zulia, el crecimiento del PSUV es mayoritario. UNT obtuvo en el 2004 un total de 303.581, ahora pasó a tener 587.400, un crecimiento de 283.819, algo así como un 82% de crecimiento. Entre UNT y el PSUV hay sólo una diferencia de votos de poco más de 10.000 votos (para ser exactos 10.044), que en definitiva señala que a pesar de la derrota el crecimiento organizativo del PSUV es mayoritario en relación a la capacidad de movilización de UNT y eso denota una efectividad de la maquinaria partidista.
Pero estos resultados no son suficientes. Sigue pendiente una mayor y mejor respuesta del aparato político dirigente del PSUV. Las comunidades demostraron su descontento con el tipo de candidatura de Di Martino, sí no fuera así cómo se explica que se perdió la gobernación pero se ganaron alcaldías que nunca antes estaban bajo la responsabilidad e incidencia política del partido. Los colectivos sociales en los municipios se identificaron más y mejor con los candidatos a alcaldes que con el candidato a gobernador. Esta circunstancia obliga a replantearse la política del PSUV en lo que respecta a los trabajadores y en general la política de análisis de clase, sobre todo en lo referido al enfoque sobre el cual se atiende la división social del trabajo que existe en el contexto capitalista. Lo que decimos es que no basta con llamarse revolucionario, hay que serlo en las acciones. Buena parte de algunos dirigentes – hay excepciones y muchas- están haciendo negocios solapados en la revolución. No podemos olvidar la denominada “derecha endógena” que persiste en el PSUV. Esos sectores le hacen terrible daño a una política pensada para desmontar la estructura ideológica – y no sólo productiva- del sistema capitalista.
Mientras Chávez habla de conciencia revolucionaria, esos sectores entorpecen la acción del gobierno, cargándolo con una burocracia paquidérmica que hace que los procesos se paralicen o en el mejor de los casos se retrasen. No hay revolución sin cambio en la conciencia de clase y ahí seguimos teniendo un déficit que subsanar. Lo ocurrido en el Zulia señala que no hay una política efectiva hacia los trabajadores petroleros, siderúrgicos, metalúrgicos, campesinos, estudiantes entre otros. Un estado clave desde el punto del movimiento obrero, desde los inicios del siglo XX, no puede seguir adoleciendo de una política efectiva hacia el sector obrero. El PSUV debe mejorar aun más el debate ideológico. No se ha terminado de asumir la decisión de desmontar la estructura de explotación social capitalista. Mantenemos las mismas relaciones de explotación y división social del trabajo, sólo que ahora intentamos minimizarlas bajo la etiqueta o el adjetivo de una “revolución socialista”; pero que contradicción, hay sectores en el PSUV que se exhiben con una actitud que se aleja mucho de una ética revolucionaria.
En definitiva, planteamos estos aspectos para un debate serio acerca de las tres (3) R. No es posible que al igual que el 2-D no se discuta la realidad de los resultados, que se hable de nuevo de las 3 erres pero que no debatamos sobre la forma de asumirla. Cabe preguntarse: ¿es que acaso coincidimos acerca del enfoque a través del cual vamos a afrontar la revisión? ¿Estamos de acuerdo que elementos de la organización y el proceso vamos a revisar? Indudablemente – a priori- creo que la respuesta es no, pero igual debemos plantearnos estas interrogantes si queremos que continúe este hermoso proceso histórico. Ahí quedan estas reflexiones para el debate, espero que se genere apoyando o criticando lo planteado, de otra forma el esfuerzo fue en vano.

Dr. Juan Eduardo Romero
Juane1208@gmail.com
29/11/2008

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DR. JUAN EDUARDO ROMERO (VENEZUELA)

Historiador, especialista en procesos políticos contemporáneos de América Latina. Docente e Investigador de la Universidad del Zulia en Venezuela. Profesor invitado en España, Francia, Italia, Colombia, Brasil, Nicaragua, Argentina, Ecuador, Cuba, México, Costa Rica. Investigador Nivel II del Programa de Promoción al Investigador (PPI) del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Venezuela. Teléfonos (58) 261 7596253 (telfax oficina). (58) 4126543075 ( móvil). Correo electrónico: juane1208@gmail.com

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Doctor en Historia Social y Política Contemporánea. Profesor de la Universidad del Zulia, Venezuela. Especialista en Historia Contemporánea de América Latina. DEA en Gerencia Política y Gobernabilidad. Autor de más de 35 artículos sobre procesos políticos. Co-autor de seis Textos sobre Proceso Socio-político en Venezuela. Teléfono Telfax (58) 261 7596253, móvil (58)4126543075. E-mail: juane1208@gmail.com

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